La comparecencia de Pedro Sánchez ante la Comisión del Senado que investiga los casos de corrupción que afectan al Gobierno que preside y al PSOE, partido del que es secretario general, ha dejado claro que, a fecha de hoy, es un personaje que supone una grave amenaza para nuestra ya enferma y aún con vida democracia.
Todos hemos visto a este canalla, atrincherado, respondiendo con evasivas e insultando a la institución en la que estaba, calificándola de “circo y máquina de fango” para liarla y no responder a las preguntas que le hacían.
Sánchez ha recurrido a sus prácticas habituales en el Congreso no contestar a lo que se le pregunta y atacar a la oposición, a los medios y a los jueces para evadir su deber de rendir cuentas. Todo ello aderezado con evasivas y afirmaciones negando conocer hechos que evidentemente conoce, un claro truco para evitar ser llevado a los tribunales por mentir ante la comisión.
Pedro Sánchez no ha aclarado ni cuándo ni cuánto dinero en efectivo cobró de Ferraz. No puede responder sin incriminarse, así que decidió ofrecer un espectáculo indigno, otro más. No ha respondido a las preguntas sobre su hermano viviendo en Portugal para no tributar en España. No ha respondido a la entrada ilegal en territorio nacional de Delcy Rodríguez. Sánchez llegó a negar que se confinara a 40 millones de españoles con dos estados de alarma inconstitucionales.
Una actitud que debería ser motivo de escándalo en un país democrático, pues en una democracia los gobernantes tienen el deber de rendir cuentas ante el pueblo, representado en el caso de España en el Congreso y en el Senado.
Sánchez ha dejado claro, una vez más que, para él, si llegas al poder ya no tienes límites de ningún tipo. Neutraliza los contrapesos, acaba con la división de poderes, lo coloniza todo y evita la fiscalización de la acción del Gobierno, para así, poder perpetrar todo tipo de abusos, saquear y corromper todo lo que toca. Se nota que sigue a pies juntillas los consejos de su principal asesor, el perverso Zapatero, ese que está a las órdenes del dictador venezolano.
Este psicópata ve normal y lo ha dicho, gobernar sin el poder legislativo, por ello, gobierna a golpe de decretos, recurriendo a ellos por sistema y para cualquier cosa a un mecanismo limitado por el Artículo 86 de la Constitución para casos de «extraordinaria y urgente necesidad». Una forma de gobernar puramente autoritaria.
Su chulería en su comparecencia escondía y no pudo disimularlo por completo, que no le gusta rendir cuentas. Sánchez es un aprendiz de dictador, la democracia no le gusta y pasa del Estado de Derecho. Un gobernante como éste es una amenaza para un país democrático.
Da miedo leer este artículo, el cual, está teñido de sentido común y de realidad