La lista que elabora
anualmente Transparencia Internacional, deja claramente al descubierto algo que
ya sabíamos, que en España hay mucha corrupción política y que a los ciudadanos
nos escandaliza. Aunque curiosamente, eso no influye y les siguen votando con
“v”, yo hace tiempo que les boto con “b”.
Nuestro país ha perdido cinco
posiciones en dicha lista, se ha dejado la friolera de siete puntos en el
último lustro, estamos sumidos en un deterioro constante. Nos situamos entre
los países europeos con un problema de corrupción más grave. Son ya muchos años
de escándalos y juicios, de muy pocas condenas y de sensación de impunidad de
unos golfos que teóricamente nos representan.
A nivel europeo, España
aparece prácticamente en el vagón de cola (21ª posición de 32 países). Nada que
ver con los países nórdicos que, como ya es costumbre, ocupan las primeras
posiciones de esta lista: Dinamarca (1ª, empatada con Nueva Zelanda), Finlandia
(3ª), Suecia (4ª) y Noruega (6ª), además de Suiza, que logra el quinto lugar. Nuestro
sistema político y económico se sitúa a niveles de corrupción como Costa Rica,
Brunei, Dominica, Cabo Verde, Emiratos Árabes Unidos, Botsuana o Qatar.
Las grandes economías de
Occidente también se mantienen en puestos elevados. Este es el caso de Alemania
y Reino Unido, que comparten el décimo lugar; Estados Unidos, decimoctava; y
Francia, vigésimo tercera.
Y nuestros políticos no
tienen el más mínimo interés en conseguir que esto cambie, ahora mismo estamos
viviendo el obsceno espectáculo de cómo se reparten los partidos las plazas
vacantes en el Tribunal Constitucional. Los políticos de partidos corruptos,
potencialmente corruptos todos ellos, insisten en nombrar a quienes se supone
que tendrían que juzgarlos, gente de su confianza que de seguro tratarán de que
no paguen por los delitos que perpetran, han perpetrado o piensan perpetrar.
Aquí no se salva nadie, ni el
Partido Popular, ni el PSOE, ni Podemos, ni Ciudadanos, el único partido no
corrupto de este país, el único que combatió contra la corrupción, y me refiero
a UPYD. Sufrió la embestida del malvado sistema que padecemos y los inocentes e
incautos votantes se dejaron abducir por los interesados mensajes que recibían.
La presencia de UPYD en el Parlamento resultaba demasiado incómoda para los
golfos que allí se sientan.

En un país corrupto, donde no es reprobable el escaquear impuestos, no pagar el IVA, hacer obras sin el correspondiente permiso de obras, etc., es normal que en sus órganos de gobierno se den casos de corrupción. Pero en España, si hay en la palestra muchos casos, es debido también a que hay policías, jueces, funcionarios, periodistas y gentes públicas y también anónimas que hacen bien su trabajo y colaboran en la lucha contra la corrupción. En países realmente corruptos, no hay casos de corrupción a la vista. Si un funcionario, bien sea policía, juez, periodista, etc. se mete con un corrupto, es rápidamente apartado de su cargo o incluso físicamente eliminado. El que se aireen muchos casos de corrupción no debe llevarnos a la desesperanza, si no todo lo contrario, el que la "salud" y limpieza de nuestra democracia esta mejorando. La publicación de casos y su judicialización es la "fiebre" que indica que el cuerpo social está luchando contra la enfermedad. Por el contrario, el propagar que "todos son corruptos", que todo es igual, que no tiene remedio, etc., es como aplicar un medicamento que combate por igual a las defensas del organismo como a los virus de la enfermedad, el resultado es que el organismo queda desprotegido, a la merced de los agentes patógenos.