El pasado miércoles, fui
uno de esos dos centenares de sevillanos que tuvimos la suerte de escuchar las
palabras de Francisco Sosa Wagner en la Fundación Cajasol de nuestra ciudad.
Si bien el viejo profesor
acudía para hablar de Europa y de una posible Reforma Constitucional, se sabía
que en el turno de ruegos y preguntas el tema estrella sería su salida de UPyD
y los acontecimientos que la provocaron.
Tengo que dejar claro que
siento bastante admiración por el personaje, ya que estoy seguro de que no hay
nadie prácticamente como el en la política española, y que es una auténtica
pena que la deje, pues eso de estar muy preparado y ser muy íntegro no está de
moda entre los políticos.
Estoy convencido de que en
la forma de pensar de Sosa Wagner se podrían englobar la mayoría de los
españoles. Pese a los errores cometidos, a fecha de hoy, curiosamente UPyD es
el único partido constitucionalista que se asemeja más a la visión que Sosa
Wagner tiene de la sociedad. Pese a sus problemas y disfunciones internas sigue
siendo el partido abanderado de la regeneración democrática de nuestro país,
teniendo la ventaja de que en sus años de andadura ha podido librarse de casi
todos aquellos que se unieron a su proyecto por mero interés personal.
Alguien me dirá, y
Ciudadanos qué, pues que posee un excelente líder y un atractivo discurso, pero
que en su crecimiento veloz ha sido colonizado por todos aquellos que no lo
pudieron hacer en UPyD, una fauna de trepas que les están haciendo la vida
imposible a miles de afiliados buenos y honrados que están perplejos ante lo
que ven. Ciudadanos en Cataluña funciona aceptablemente bien, pero fuera de
allí es para echarse a temblar, posiblemente ahí radiquen las reticencias de
UPyD al famoso pacto propuesto por Sosa Wagner.
Mi opinión es que un pacto
UPyD-Cs sería muy beneficioso para España, pues se convertiría en la tercera
fuerza política del país con permiso de Podemos, pero siempre y cuando, se
vetara a los trepas y a las malas personas, el problema es ¿cómo se hace eso?
