Cada vez se hace más patente,
que existen dos Cataluñas, la rica y próspera, esa que sus ciudadanos se
sienten españoles, catalanes y europeos, y la otra, la provinciana, la
troglodita, la tribal, la independentista, la que vive de chuparle la sangre a
la otra.
A la Cataluña moderna y
abierta, la han bautizado como Tabarnia, y está compuesta por dos zonas: Barcelonés,
Maresme, Garraf, Vallés Oriental, Vallés Occidental, y Baix Llobregat, que sería
la Baja Tabarnia; y Tarragonés, Baix Penedés y Alt Penedes, que sería la Alta
Tabarnia.
Crece el clamor de los
habitantes de Tabarnia denunciando la inaceptable discriminación que sufren
desde hace décadas y que los políticos catalanes mantienen sin ningún pudor.
Los datos de las últimas
elecciones del pasado 21-D bastan para poner de manifiesto que la democracia en
Cataluña es un chiste, y que lo de “un hombre, un voto” es ciencia ficción en
esa comunidad. A modo de ejemplo diremos, que en Barcelona el PP obtuvo 141.803
votos, que le dieron 3 escaños, mientras en Lérida, Junts x CAT obtuvo 77.695 votos,
que le dieron 6 escaños. Los votos de los barceloneses valen la mitad de la
mitad que los de otros catalanes.
Existe una auténtica sangría
fiscal de la Generalidad hacia Barcelona. La Generalidad recauda, en Barcelona
y su área metropolitana, el 87% de sus ingresos, y solo invierte el 59%.
Cada vez más catalanes piden
ya directamente la creación de una comunidad autónoma, en la que esté incluida
Barcelona, que solucione el expolio económico y corte de raíz toda amenaza de
separación con el resto de España.
Mientras que la unidad de la
Nación española está blindada por nuestra Constitución, la actual composición
de las CCAA sí podría cambiar dentro de la ley, si este cambio estuviera
apoyado por un importante porcentaje de ciudadanos de ese territorio, por ello,
si lo de Tabarnia sigue adelante, nuestros políticos y sus partidos, no tendrán
más remedio que atender a esa mayoría que está harta de su situación actual.
Tabarnia podría ser la
situación, la actual Cataluña podría desembocar en dos CCAA, la independentista
y empobrecida por sus delirios, a la que el Estado ser encargaría de “meter en
cintura”, y la española, rica y próspera, que en poco tiempo volvería a ser lo
que fue, uno de los motores de esa gran Nación que es España. Tabarnia no es
una utopía, Tabarnia es posible.

