El Tribunal Supremo, ha
decidido hoy por unanimidad, mantener en prisión provisional a Oriol Junqueras
por riesgo de reiteración delictiva, desestimando el recurso de la defensa del
ex vicepresidente de la Generalidad de Cataluña, encarcelado en Estremera desde
el 2 de noviembre, y tras tomarle declaración ayer.
Oriol Junqueras, en una
demostración descomunal de hipocresía, apeló ante el Tribunal Supremo a su
condición de “hombre de paz”, amante del civismo, a su condición de cristiano y
humanista, y a las virtudes del diálogo en la política, exactamente esas
cualidades que en absoluto demostró cuando participó en calidad de cabecilla
para intentar dar un Golpe de Estado. En su declaración, nada dijo sobre renunciar
a la vía unilateral e ilegal para defender la secesión, y en nada se retractó
de los hechos que han culminado en su acusación por rebelión y sedición.
Está claro, que si Junqueras
en su declaración no se ha comprometido expresamente a acatar la legalidad, el
Tribunal Supremo hace lo razonable manteniendolo en prisión.
Quien pretende seguir
liderando un proyecto sectario y excluyente que está empobreciendo a los
catalanes, debe seguir privado de libertad, y hasta diría yo, debe pudrirse en
la cárcel como consecuencia de los gravísimos delitos que ha perpetrado.
Si quería seguir en la
política, que lo hubiera pensado antes de convertirse en un delincuente.
