Ayer culminó Mariano Rajoy
una legislatura presidida por sus traiciones y sus mentiras. Ya eran demasiadas
sus promesas electorales incumplidas, pero ayer, con la retirada de la Ley del
Aborto, dejó definitivamente huérfanos de partido político a la mitad del suelo
electoral que tradicionalmente apoyaba sin fisuras al Partido Popular.
La España de derechas cuya
manera de entender la vida se identifica con el humanismo cristiano fue ayer
apuñalada por la espalda por un presidente sin conciencia que solo toma
decisiones en función de su conveniencia electoral. Vox, la formación que
preside Santiago Abascal, es sin duda, su única alternativa.
Decir que ha retirado la
Ley del Aborto por falta de consenso y porque la izquierda acabaría con ella
nada más llegar al poder, es un insulto a la inteligencia, pues lo mismo ha
pasado con la Reforma Laboral o con la Ley de Educación y no las retiró.
Y qué decir del otro
protagonista, Alberto Ruiz-Gallardón, un político ambicioso donde los haya que
al ver que su gran deseo, el de llegar a la presidencia del Gobierno, ya no se
iba a cumplir, ha tratado de irse como héroe cuando en realidad es un villano.
De alcalde de Madrid dejó
una deuda de nueve mil millones de euros, de ministro dijo que acabaría con la
politización de la Justicia e hizo lo contrario pactando con el PSOE una ley
del CGPJ aún más politizada, fue el ministro que enterró el 11-M, colaboró en
incumplir la promesa de echar a las marcas blancas de ETA de las instituciones
y permitió que Bolinaga siguiera en la calle. Para mí, un político nefasto.
Y cuidado con su sustituto
en el ministerio, Rafael Catala dice ser partidario de reconocer la “singularidad
catalana en la Constitución” es decir, ahondar en el trato desigual a las
distintas CCAA, vamos, el tipo ideal para que Rajoy realice un nuevo enjuague
con CiU para no tener que aplicar la ley, eso que le da tanto miedo.
