En la reciente
comparecencia parlamentaria de Ramón Álvarez de Miranda, responsable del
Tribunal de Cuentas, vimos asombrados, como por una parte, trató de justificar
el descarado enchufismo en esa institución utilizando el peregrino argumento de
que las oposiciones fueron siempre libres y abiertas, y por otra, el descarado
compadreo de los diputados de los viejos partidos ante el nepotismo detectado y
hecho público por los medios.
Bastantes cargos del
Tribunal de Cuentas han colocado en esa institución a un centenar de parientes
y otro centenar de amiguetes de distinto pelaje, muchos de ellos con enormes
sueldos, blindajes de todo tipo, jubilaciones doradas y enormes privilegios
laborales. No podemos olvidar que la media del sueldo de los empleados de ese
tribunal ronda los tres mil euros por catorce pagas, a lo que hay que incluir
las dietas, los gastos varios y demás chollos.
Los expertos que han
analizado ese tribunal han estimado que con 260 empleados funcionaría
eficazmente, pues bien, en la actualidad
tiene una plantilla de 700 empleados, todos ellos pagados por nosotros, por unos
sufridos contribuyentes víctimas de un atroz despilfarro.
Estamos ante uno de esos
monumentos a la sinvergonzonería partitocrática, los partidos nombran a los miembros
del Tribunal de Cuentas y estos enchufan a toda la parentela. Como los
sindicatos también se llevan parte de la tarta, pues claro, aquí no protesta “ni
Dios”. Un sindicalista de UGT, expresidente del Comité de Empresa del Tribunal
de Cuentas, enchufó a ocho familiares y doce amiguetes, al igual que otro
camarada que ocupó también ese puesto.
Lo curioso es, que a fecha
de hoy, la Fiscalía anticorrupción aún no ha tomado cartas en el asunto para
colocar en su sitio a los prevaricadores que otorgan favores con el dinero de
todos nosotros ¡Y luego se enfadan cuando les llaman “la casta”!
