Ser presidente o director de
TVE no es nada fácil, y eso lo demuestra el hecho, de que desde 2007 todos los
que han accedido a esos cargos han dimitido mucho antes de que venciera su
mandato alegando motivos personales.
Es conocido, que tanto socialistas
como populares, nada más acceder al poder, a lo primero que se dedican es a
poner a sus hombres en los lugares claves del ente público a fin de que lo que
debería ser un servicio público, se convierte en un órgano de propaganda al servicio
del partido en el poder. Por ello, es lógico pensar, que las presiones que
sufre quien lo dirige en unos mandatos largos y difíciles, y con poco
presupuesto, son tan intensas que les obliga a dimitir.
TVE debería estar dirigida
por un independiente, o como mal menor, por un candidato de consenso.
No se entiende que Echenique
firmara un convenio a finales del pasado año que blindó los puestos de trabajo
de los 6.400 trabajadores, cuando es público y notorio que la plantilla de TVE
está sobredimensionada, ocupando el 40% del presupuesto. Lo hizo para evitar el
choque de trenes con los sindicatos, pero hizo lo contrario que otras
televisiones públicas.
En el PP nunca entendieron
su proceder mientras que se hacían duros recortes en servicios básicos esenciales.
TVE
es deficitaria, entre otras cosas, por la decisión del PSOE de que dejara de
financiarse con publicidad. El PSOE lo hizo para recibir los favores de las TV
privadas tras su multimillonario regalo, pero dejó a TVE con esa decisión
herida de muerte.
Tengo
serias dudas de que el PP, en año electoral, quiera consensuar el nuevo
nombramiento, de hecho, aunque sea de forma transitoria, ha colocado al frente
de TVE a José Manuel Peñalosa, un asesor del PP, quien de seguro, será de todo
menos neutral.
