El
solo hecho de que todo el mundo la presente como la sucesora que
desea Griñan, nos demuestra una vez mas en lo que se ha convertido
la política andaluza. Por mucho que el actual presidente lleve años
preparándola para sucederle, Susana Díaz tiene un perfil y una
trayectoria que asusta, sobre todo a los que queremos regenerar
democráticamente nuestra sociedad.
Hablamos
de una mujer de 39 años, licenciada en Derecho tras diez años de
carrera, como vemos toda una “lumbrera”, claro prototipo de una
generación de políticos que han crecido medrando en las sedes de
sus respectivos partidos y que nunca han trabajado fuera de ellos.
Susana
Díaz, de la mano de Griñán, ha tenido una carrera meteórica, eso
sí, sacrificando uno tras otro a todos los que la ayudaron en un
momento determinado de su carrera política, demostrando siempre que
quería llegar a lo máximo, aún a costa de ir dejando un reguero de
cadáveres de ex amigos en su camino.
De
1999 a 2003 fue concejala de Triana, Juventud y Recursos Humanos, con
Monteseirin como alcalde, como no volvió a contar con ella en las
listas, cuando llegó en 2010 a la secretaría de Organización del
PSOE de Andalucía, impidió que Monteseirín optara a la reelección
y lo dejo sin ningún cargo. En 2004 fue diputada en el Congreso.
En
2010, llegó al número dos del PSOE de Andalucía gracias a que el
compañero que ocupaba el cargo se vio obligado a dimitir por cometer
graves irregularidades.
Cuando
corren vientos de regeneración democrática en nuestra sociedad, los
viejos partidos parecen no enterarse y siguen optando por apostar por
personas que están por ejercer la política de una forma contraria
a lo que la ciudadanía anhela y reclama.
Si
el futuro del PSOE de Andalucía se llama Susana Díaz, apaga y
vamonos.