Por
lo visto, es una gran noticia que un juez pida el suplicatorio para
juzgar a Pepiño Blanco por tráfico de influencias. Pues si, un juez
del Tribunal Supremo ha decidido cursar el suplicatorio contra el ex
ministro y diputado del PSOE por haber ayudado a un amigo a conseguir
la licencia municipal imprescindible para construir una nave en un
municipio catalán.
El
tráfico de influencias es una práctica ilegal, pero habitual y
generalizada en el estercolero en el que se ha convertido la política
española. A los políticos, en este caso conservadores, se les
podría decir que “el que esté libre de culpa que tire la primera
piedra”, y lo digo porque es de una hipocresía absoluta dedicarse
ahora a hacer declaraciones contra Pepiño, dedicarse a “hacer leña
del árbol caído”, cuando saben de sobra que en el PP, al igual
que en todos los viejos partidos, cómplices de esta partitocracia,
lo hecho por Pepiño es practica habitual.
Hoy
en día, cuando se llega al poder, cuando se ocupa algún cargo de
relevancia, a lo primero que se dedican la mayoría de los políticos
es a enriquecerse y a ayudar a sus familiares, amigos o compañeros
de partido, y Pepiño Blanco se dedicó a eso. Mi impresión es que
es culpable, tengo pocas dudas, pero eso solo podemos decirlo los
ciudadanos, porque nosotros si que estamos limpios, y encima somos
las víctimas del sistema.
Todos
ellos cojean del mismo pié, pero por norma, cada vez que se destapa
algún caso, tenemos que ver, como los que se consideran los
adversarios del político pillado, se dedican a hacer sangre para
intentar sacar rédito político. La ciudadanía empieza a estar
cansada de tanta hipocresía.