Los excesos verbales de los
políticos, insultando y demonizando a su adversario, arrogándose el patrimonio
de la verdad, pueden conducir a lo que ocurrió ayer. Una cosa es confrontar
ideas, y a eso se le llama política democrática, y otra cosa es poner en la
diana al adversario para que algún descerebrado atente contra él.
Pedro Sánchez no tuvo en
cuenta en el debate con Mariano Rajoy, las consecuencias que podría tener su
actitud agresiva y sus insultos, tras lo ocurrido espero que se haya dado
cuenta y rectifique de cara al futuro. Pero no ha sido el único, Ada Colau
arremetió contra Rivera de manera agresiva y sedes de Ciutadans fueron
atacadas.
Un militante de extrema
izquierda de 17 años agredió ayer por la tarde a Mariano Rajoy cuando paseaba
por el centro de Pontevedra. Estamos ante el uso de una violencia política que
es posible, gracias a que durante ya demasiados años existe un caldo de cultivo
donde la izquierda radical, los movimientos independentistas radicales y
colectivos antisistema protestan desde el ancestral cainismo.
Un pequeño grupo de
personas jóvenes jaleó al agresor tras su detención, un síntoma más del fracaso
de nuestro sistema educativo y de la galopante pérdida de valores de nuestra
sociedad, donde cada vez más jóvenes no saben distinguir entre el bien y el
mal.
Han salido a luz los wassap
que envió y recibió el agresor de sus compañeros poco tiempo antes de perpetrar
su miserable acto, creo que la Fiscalía debería actuar para identificar y poner
a disposición judicial a quienes utilizan las redes sociales para delinquir e
incitar al delito.
Nuestra asignatura
pendiente es la tolerancia, tenemos que acostumbrarnos a respetar a los demás y
a defender sus derechos, sobre todo, cuando no piensan como nosotros. Si no
entendemos esto, estaremos condenados a revivir las peores páginas de nuestro
pasado cercano, un pasado que tras la Transición creíamos superado para
siempre.

Es el viejo método de demonizar al adversario. Primero para arrebatarle la condición de persona y anularlo politicamente, después socialmente y si no es suficiente físicamente, o sea encarcelamiento y/o atentado. Es lo que vivimos en El País Vasco y ahora estamos viendo en Venezuela. Un instrumento utilizado por los seguidores de doctrinas totalitarias.
Es el viejo método de demonizar al adversario. Primero para arrebatarle la condición de persona y anularlo politicamente, después socialmente y si no es suficiente físicamente, o sea encarcelamiento y/o atentado. Es lo que vivimos en El País Vasco y ahora estamos viendo en Venezuela. Un instrumento utilizado por los seguidores de doctrinas totalitarias.