El próximo 4 de septiembre los ciudadanos chilenos están llamados a votar para aprobar o rechazar una nueva Constitución.
Mientras que la Constitución chilena actual, en su artículo 19, establece que «se asegura a todas las personas: El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona» y establece, de forma clara que, «la ley protege la vida del que está por nacer», en el nuevo borrador constitucional que será votado, no se pone ningún tipo de límites y garantiza la interrupción del embarazo como un derecho, sin límite de tiempo alguno o supuestos especiales. Según este texto propuesto, no habría límite alguno para realizar un aborto y todos aquellos sanitarios que decidan acogerse a la objeción de conciencia podrían ser forzados a practicar un aborto bajo la amenaza de perder su puesto, de multas, o de ingresar en prisión.
Si se aprueba este texto constitucional se podría llegar a la situación de que una mujer llegara a un hospital para dar a luz y en ese preciso momento podría decidir, o que el bebé salga de su cuerpo y viva, o que lo asesinen cuando aún esté dentro de ella, una verdadera locura.
Pero el texto constitucional no solo lleva esta aberración además, blinda la eutanasia, instaurando la cultura de la muerte, la pérdida de la dignidad de la persona y del valor de la vida.
También, conculca el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos y el de los centros educativos a enseñar de acuerdo con sus valores. Todo esto atenta gravemente contra la libertad de educación y de enseñanza y confirmaría además, el intervencionismo brutal del Estado en las instituciones educativas.
El comunismo y el socialismo se están apoderando de Hispanoamérica y tratan por todos los medios de deshumanizar sus sociedades.