La indultada María Sevilla empieza a tener imitadoras de su vida delictiva. Al caso de Verónica Saldaña, recientemente localizada en Suiza tras fugarse con sus mellizos, se suma ahora el de una madre de Güímar (Tenerife) que ha secuestrado a su hija de dos años siguiendo exactamente el mismo patrón: separación, discusión por la custodia, denuncias falsas contra su expareja por presunto maltrato e incluso abusos sexuales, alienación parental y, finalmente, sustracción de la menor.
Joel Prieto, que así se llama el sufrido padre, asegura que la pequeña Alena se encuentra en Suiza, país al que su ex se habría fugado tras un largo historial de denuncias falsas. La suya es la historia de un padre desesperado por recuperar a su pequeña Alena, a la que vio por última vez el pasado 16 de julio. Aquel día, su expareja se negó a entregarle a su hija tras finalizar su periodo de vacaciones y emprendió la huida, y al igual que la de Verónica Saldaña, ha terminado en Suiza. La jueza le ha dado de plazo hasta este viernes a la madre para que vuelva.
Estas «madres protectoras» a las que Irene Montero defiende a capa y espada se están convirtiendo en un colectivo criminal que, o se erradica, o algún padre desesperado empezará a tomarse la justicia por su mano ante la lentitud e inacción de la justicia. Las penas para estas secuestradoras de niños deben endurecerse y dejar claro a estas delincuentes que reciben el apoyo de ese feminismo radical instalado en el Gobierno, que esta sociedad no va a permitir lo que están perpetrando.
Hay que recordar a esta sociedad que estos asuntos son los que provocan que la gran mayoría de suicidios los protagonicen hombres desesperados. La denuncia falsa debería ser perseguida y señaladas quienes la utilizan para conseguir sus espurios fines.