El caso de Olivia, la niña de seis años asesinada por su propia madre, este ser perverso que se hartó de poner denuncias falsas contra el padre y que al final, tras cinco años, cuando la Justicia le dio la custodia al padre, prefirió “liquidarla” antes de entregársela. Ha dejado al descubierto muchas cosas.
Ha dejado al descubierto eso de lo que no es políticamente correcto hablar, me refiero a las denuncias falsas, un asunto del que no hay estadísticas oficiales gracias a que todos los partidos que aprobaron la maldita Ley de Violencia de Género, entre ellos, PSOE, PP y Podemos, nos niegan una información que les hundiría en la miseria Ha dejado al descubierto, otro asunto del que no se dan datos, que las madres secuestran y asesinan a sus hijos muchísimo más que los padres. Y sobre todo, ha dejado al descubierto la calaña de esas “hijas de mala madre” que dirigen el Ministerio de Igualdad, quienes a fecha de hoy aún no han condenado el crimen perpetrado por la madre de Olivia contra su propia hija. Resulta deleznable que la ministra, Irene Montero, haya condenado el último asesinato cometido por un hombre contra su pareja y olvide el llevado a cabo por una madre contra su hija por el simple hecho de perder la custodia.
La Ley de Violencia de Género está siendo letal para nuestra sociedad, el hombre y la mujer no son enemigos, son complementarios, y en los dos sexos, hay un porcentaje de individuos portadores de demasiada maldad. Por ello, es necesaria una ley, que sustituyendo a la de Violencia de Género, haga volver la cordura y la sensatez a una sociedad hambrienta de trato igualitario y de justicia.