Las enmiendas introducidas por ERC en las últimas reformas que acompañan a la del delito de malversación y aceptadas por toda la izquierda, esconden un propósito enormemente grave, pero que se oculta a esa gran parte de la ciudadanía que quiere vivir en una sociedad donde impere la ley y el orden público.
ERC y Sánchez, no solo han preparado el terreno para que Oriol Junqueras pueda vulnerar la inhabilitación y presentarse como candidato, además, han procedido a todo un vaciado penal que permitiría, tras un hipotético triunfo de la derecha, disparar los ataques callejeros, disturbios y okupaciones de inmuebles privados o públicos sin prácticamente castigo. Han preparado perfectamente el camino para incendiar las calles si la canalla que nos desgobierna pierde las elecciones, como ocurrirá en buena lógica.
Los ataques callejeros, los “rodea el Congreso” o la “kale borroka”, pasarán a ser considerados penalmente como una simple pelea tras una borrachera nocturna. O, como en el caso de la okupación, ni eso, porque para la okupación de inmuebles privados o públicos abren la puerta, directamente, a la despenalización plena porque, según ellos, «no reúne el suficiente nivel de lesividad como para aplicare el derecho penal», una pésima noticia para todas esas familias, sobre todo, humildes, esas que ni siquiera pueden pagarse una alarma, que verán como les pueden arrebatar su casa temporalmente y destrozársela sin que los delincuentes tengan casi castigo.
A partir de su previsible derrota electoral, la izquierda y la jauría de distinto pelaje que componen sus socios, podrán reventar las calles para impedir que el próximo gobierno nos saque del agujero en el que nos han metido y utilizar la violencia callejera para subvertir el orden constitucional.
Están culminando lo que muchos advertimos hace ya mucho tiempo, están desarmando al Estado para que no pueda defenderse de sus enemigos y para que los ciudadanos pacíficos vean impotentes como les arrebatan o les destruyen todo lo que han conseguido con el sudor de su frente, aparte, por supuesto, de esos derechos y libertades individuales que nunca estuvieron más en peligro que ahora.
El garante de La Prostitución manseando en tablas.