Exactamente hace hoy 35 años que los camaradas de los hoy socios fieles de Pedro Sánchez hicieron detonar en la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza un artefacto cargado con 250 kilos de explosivos que estaba alojado dentro de un vehículo. El resultado de aquel brutal atentado, todos lo conocemos. Al ser las 6:10 de la mañana, los guardias y sus familias dormían plácidamente en sus dependencias. El edificio se derrumbó, ETA asesinó a once personas, entre ellas 6 menores de edad, cinco niñas pequeñas y dejó 88 heridos. Fue un ataque premeditado contra el corazón de la institución que más ha servido a España, la gloriosa Guardia Civil.
Dónde quedó toda aquella rabia que expresaba la sociedad española ante los atroces atentados que llevaba a cabo ETA, la ahora, EH Bildu. Los que les decían desde el Gobierno que confiaran en el Estado de Derecho, que los terroristas serían detenidos y caería sobre ellos todo el peso de la ley, sin saberlo, nos mentían, pues nunca imaginaron que más de tres décadas después gobernaría España un despreciable presidente como Pedro Sánchez, un miserable que no conoce la vergüenza, la decencia ni el honor, que se aliaría con los herederos de los terroristas y demás jauría antiestañola del parlamento para dinamitar el Estado de derecho al que deberían defender, el orden constitucional y la democracia.
Arnaldo Otegui (EH Bildu) que era miembro activo de ETA por aquel entonces, es uno de sus principales socios, ha pactado con él la expulsión de la Guardia Civil de Navarra, la legalización de la apología del terrorismo y los beneficios penitenciarios y acercamientos de presos de ETA a prisiones vascas como moneda de cambio a su apoyo parlamentario.
Con su pacto con los herederos de ETA y con su ataque al Estado de Derecho, Sánchez está pisoteando la sangre de las víctimas. Unas víctimas que deben estar retorciéndose en sus tumbas al ver tanta infamia junta.
Santiago Abascal le ha pedido al PP y a Cs negociar la presentación de una Moción de Censura contra Sánchez, pactando un candidato a la presidencia del Gobierno independiente, pero Feijóo parece preferir, a lo Rajoy, esperar a que todo siga empeorando y ganar con facilidad, o al menos eso piensa él. El problema es que, a este paso, solo va a gobernar los escombros de la que otrora fue la Nación más poderoso del mundo y a unos ciudadanos a los que nos habrán quitado casi todo, un bienestar ganado durante décadas, nuestros derechos y nuestras libertades. Y porque no decirlo, no veo a Feijóo capaz de que, en solitario, pueda ni quiera, revertir todo lo perpetrado, no solo por Sánchez, si no por Zapatero y hasta por Rajoy. No obstante, el tiempo dará y quitará razones, aunque al final, los grandes perjudicados de tanta acción perversa y omisión vergonzante, seremos los de siempre, los sufridos españoles.