Tras la celebración del debate de las elecciones autonómicas en Extremadura en el canal público autonómico de esa comunidad y el espectáculo ofrecido por la candidata del Partido Popular, María Guardiola, ha quedado meridianamente claro que este PP no es de fiar, pues esta señora, presidenta del PP extremeño y candidata a presidir esa Comunidad, ha confirmado estar dispuesta a pactar con socialistas y comunistas. Dejando claro, que los prefiere de “compañeros de cama” mucho antes que a Vox. Votar a esta señora es garantía de que se sigan aplicando las recetas de la izquierda.
Pero no nos equivoquemos, María Guardiola, no es un verso suelto en este imprevisible PP, recordemos las palabras que pronunció Cuca Gamarra, secretaria general del PP, no hace mucho “Me siento más lejos de Vox que del PSOE”. También el líder popular, Alberto Núñez Feijóo, ha afirmado en numerosas ocasiones que no descarta pactar con el PSOE.
El posicionamiento de la candidata del PP extremeño no es nada raro para quienes vengan siguiendo su trayectoria. Hace tres meses, Guardiola realizó un encendido discurso a favor del aborto, afirmando que «la mujer es la que debe decidir y en esa decisión también estará su dolor si decide abortar o su compromiso con la vida si decide seguir adelante con el embarazo». Un discurso calcado del que hacen la izquierda y la extrema izquierda, un discurso que obvia sin más el derecho a vivir de los niños por nacer.
También en noviembre, Guardiola propuso introducir la «perspectiva de género» en la fiscalidad, utilizando el mismo discurso que la izquierda para disfrazar la ideología de género, y afirmó que el Partido Popular de Extremadura «es feminista y progresista». Desde luego, lo que está claro es que el PP es un partido cada vez más indistinguible de la izquierda. Un partido al que no puede votar cualquier persona de derechas, en especial los católicos y defensores de la vida.
Por todo esto y por mucho más, este PP ha dejado claro que es un partido del que sus propios votantes no se pueden fiar, pues siempre les promete un cambio y al final acaba dejando intactas todas las leyes ideológicas de la izquierda.