La Fiscalía General del Estado, es decir, la Fiscalía General de Sánchez, rechaza cualquier posibilidad de ilegalizar Euskal Herria Bildu. En el informe de este supuesto Ministerio Público, se muestra contrario a ilegalizar a la formación de Arnaldo Otegi tras incluir a 44 etarras condenados en sus listas electorales para las elecciones locales y autonómicas del 28-M. Para la Fiscalía, EH Bildu constituye una formación política democrática, destacando que la Ley de Partidos Políticos «restringe el ámbito de aplicación de esta causa de ilegalización, en la medida en que exige la inclusión de personas condenadas por delitos de terrorismo en las listas electorales cuando se haga de modo regular y no meramente ocasional». Lo vergonzoso de todo esto es que EH Bildu presentó listas con terroristas en las elecciones de 2015, 2016 y 2019, muchos de ellos asesinos múltiples.
Lo cierto, es que la Ley de Partidos establece que un partido puede ser ilegalizado cuando presente en sus listas candidatos condenados por terrorismo y no haber rechazado ni fines ni medios terroristas de forma pública tal y como establece la propia ley.
Para los fiscales de Sánchez, EH Bildu es en realidad una coalición de dos partidos políticos que «han condenado y condenan públicamente la violencia terrorista y han aceptado y asumido el ejercicio de la actividad política dentro del marco democrático y constitucional». Hay que tener mucha jeta para decir esto.
Los fiscales también nos cuentan esa falsa cantinela de que «ETA se disolvió en el mes de octubre de 2011» y que desde entonces ni la organización ni sus miembros han vuelto cometer hechos delictivos. Cuando la realidad es que ETA no mata porque sin matar está consiguiendo unos objetivos que ni por asomo se imaginaba conseguir tan pronto. Tienen poder político, manejan importantes presupuestos y tienen a este infame e ilegítimo Gobierno de España arrodillado ante ellos.
Nunca un Gobierno pisoteo con tanta saña a uno de los colectivos más queridos por los españoles de bien, a las víctimas del terrorismo. Ha quedado claro que, para el amoral Sánchez, mantenerse en el poder es su primordial objetivo.