Los mismos medios de comunicación españoles que no informan sobre las ejecuciones masivas por venganza religiosa cometidos por las fuerzas de seguridad de las autoridades sirias, yihadistas, contra más de 1.000 civiles cristianos, drusos y alauitas, incluidas mujeres y niños, tampoco nos informan de lo que ha aprobado perpetrar la Diputación Provincial de Teruel, gobernada por el Partido Popular.
Cuando gobierna la izquierda, comete actos deleznables, pero cuando gobierna el PP, no solo no corrige lo que perpetraron sus antecesores socialistas, es que, además, en muchas ocasiones, da continuidad a lo que la izquierda comenzó. Esto es lo que ha ocurrido en la Diputación de Teruel.
Los de Feijóo han decidido derribar la cruz del valle de Albarracín pese a llevar colocada desde 1939 y ser un símbolo de la cristiandad del valle. Según ellos, deciden derribar la cruz de Albarracín alegando “peligro medioambiental”, razones de seguridad.
Ante semejante barbaridad, tanto por lo que se pretende hacer como por las razones dadas para ello, solo podía haber una voz discordante, la de ese partido que ahora mismo está en la diana de todos los partidos políticos y en la de la casi totalidad de los medios de comunicación, masivos y vendidos, evidentemente, me refiero a VOX, partido que allí ha denunciado que se trata de un nuevo ataque contra el legado cristiano y una muestra más de lo que considera un proceso de eliminación sistemática de referencias religiosas en el espacio público.
La cruz, que mide casi tres metros y está ubicada en un mirador con vistas panorámicas de 360 grados, ha sido objeto de debate después de que el Servicio Provincial de Medio Ambiente advirtiera de que su presencia suponía un “peligro medioambiental” y lo dicen tras 86 años desde que se colocó, evidentemente, se trata de una burda excusa para eliminar símbolos cristianos. Si fuera un símbolo de la otra religión, evidentemente no se atreverían.
El origen de la cruz se remonta al final de la Guerra Civil española, cuando fue erigida en la peña anteriormente conocida como Botadera, cambiando incluso el nombre del enclave en honor al símbolo religioso. Su retirada depende del municipio de Bezas, y su alcalde ha señalado que la decisión se tomará en una reunión con los vecinos, ya que al tratarse de un concejo abierto —al contar con menos de 40 habitantes— son ellos quienes tendrán la última palabra. Esperemos que entre estos cuarenta vecinos impere la cordura, rindiendo así homenaje a sus antepasados y a su fe.
Respeto los símbolos religiosos, aunque no esté de acuerdo con la religión oficial de España
El artículo 46 de la constitución es muy clarito, pero parece que el garante anda perdido.