Ayer
se conmemoró en el Congreso de los Diputados, el cuarenta
aniversario de las primeras elecciones democráticas. Felipe VI,
nuestro Rey, pronunció un discurso impecable en el que reivindicó
el respeto a la Constitución y a las diferentes leyes, como
principal fundamento de nuestra democracia y de nuestra libertad.
Debido
al riesgo de ruptura de nuestra unidad nacional, alertó de que esa
unidad es la garantía de la igualdad de los españoles, pues son
iguales gracias a pertenecer a la misma única nación. Acertó al
decir, que si la vigencia de la Ley y de la Constitución cede al
oportunismo político, algo que ha sucedido en demasiadas ocasiones,
ningún ciudadano se sentirá comprometido por el respeto a la norma.
Mientras
nuestro Rey señalaba con sus palabras el camino de la Ley en la
conmemoración de las primeras elecciones democráticas, un hecho que
fue posible gracias a la generosidad de las últimas Cortes
franquistas, a la Corona, y al Partido Comunista de España, la
extrema izquierda y los separatistas, continúan con sus mentiras,
sus desplantes y sus infamias, contra la Transición, sus
consecuencias y nuestros éxitos colectivos.
Pablo
Iglesias, hijo de terrorista y nieto de chequista, montó ayer su
numerito paralelo mediante un acto sectario de homenaje a las
víctimas del franquismo, escuchando lo que allí se dijo, uno se da
cuenta de que estos tíos lo que realmente pretenden es provocar otra
guerra a ver si esta vez ganan e instauran el comunismo en nuestro
país.
Podemos,
sus satélites, con el apoyo interesado de los separatistas,
demostraron ayer lo que pretenden. Todos ellos conforman una fauna
revolucionaria y subversiva cuyo fin es acabar con todo lo conseguido
desde la Transición. Ellos no pretenden corregir sus muchos
defectos, ellos únicamente pretenden dinamitar el régimen de
libertades que en su día nos dimos.
