Acabo de volver a casa. He
pasado un par de días en la playa, exactamente en el Puerto de Santa María. Es
conocido, que esa provincia ocupa el furgón de cola, de ese furgón de cola de
Europa llamado Andalucía, y me refiero a los elevadísimos porcentajes de
desempleo y de pobreza.
Resido en el área
metropolitana de Sevilla, y sin ser esto un vergel en cuanto a empleo, es sin
duda otro mundo si lo comparamos con Cádiz. Hacía mucho tiempo que no veía a
tantos mendigos pidiendo por las calles, y sobre todo me ha sorprendido, que la
gran mayoría eran ancianos. Incluso me voy a atrever a decir, que en el rostro
de personas que trabajan en la hostelería se atisba en su semblante por la
grave situación que pasan. No voy a descubrir yo, y ahora, que actualmente
debido a los bajos salarios se puede ser empleado y pobre.
Algo que también me ha
sorprendido, es la apariencia de muchos pequeños negocios, los cuales daba la
sensación de estar montados de tal manera que se podían desmantelar en un rato
y en su fachada no quedar vestigio alguno de su efímera existencia.
La economía sumergida es
brutal en Andalucía, pero en Cádiz es vital para que parte de la población
pueda comer todos los días, y todo, ante la complicidad de una Junta de Andalucía
incapaz de llevar a cabo políticas que palíen la situación precaria de tantos
andaluces.
Nos dicen que vivimos en el
primer mundo, que formamos parte de la Unión Europea, que disfrutamos de eso
que llamamos Estado del Bienestar, pero lo cierto es que hay todavía muchos
españoles, sobre todo andaluces, que parecen vivir en el Tercer Mundo, que no
saborean a diario las mieles de ese Estado del Bienestar del que tanto muchos
se vanaglorian.
Me gustaría que nos
preguntasen a nosotros y a todos estos
desfavorecidos, si preferimos que los políticos se enzarcen en las cosas que
les interesan a ellos, como por ejemplo la reforma de la Constitución, o que
por el contrario, intentaran solucionar los problemas de desempleo o de pobreza
que atenaza a tanto compatriota.
