Si en una situación de
emergencia social como en la que viven cientos de miles de familias, los
sindicatos no son capaces de movilizar a casi nadie que no sea de los suyos,
podemos afirmar que la desafección de los trabajadores hacia ellos es incluso
superior a la que los ciudadanos en general sienten por los partidos políticos.
Podemos afirmar, que UGT y
CCOO fracasaron rotundamente en su intento de movilización, ya que ni siquiera
sacaron a la calle a los parados. Solo los de siempre, los que comen del
sindicato, ellos fueron casi los únicos que enarbolaban banderas y estandartes
de los dos sindicatos designados por el sistema como mayoritarios y favorecidos
por él.
Hubo más de lo de siempre,
dirigentes de UGT y CCOO con dirigentes de PSOE e IU, una combinación que de
entrada excluye a la mayoría de los trabajadores de este país, ya que votan a
otras opciones. No terminan de enterarse que la clásica puesta en escena con
banderas rojas y tricolores espantan a la mayoría, que no es que no se sientan
identificados con tan rancios símbolos, es que la mayoría llegan a
considerarlos como símbolos de museo.
A la mayoría de los
trabajadores, los viejos sindicatos no les representan, algo que queda patente
año tras año y nadie parece enterarse ¿Qué tiene que pasar para que en este
país existan sindicatos independientes no interconectados con partidos políticos?
