Ayer pudimos darnos cuenta
de cómo se funciona en la política española, el Partido Popular, Mariano Rajoy,
presentó en el Congreso 70 medidas contra la corrupción y toda la oposición
votó no a todas, en vez de aceptar las que cada grupo considerase positivas y
proponer las suyas propias.
Parecen no entender
nuestros políticos que las propuestas son buenas o malas en sí mismas, y no
dependiendo de quien las firme. Las propuestas presentadas por Rajoy, por lo
general se quedan cortas y llegan demasiado tarde, pero evidentemente suponen
un avance. Por ello me sorprende la actitud de la oposición, y principalmente
la de Pedro Sánchez, que en vez de proponer un texto alternativo a las que
propuso Rajoy, o proponer las suyas, las del PSOE, se dedicó a intentar
desacreditar y deslegitimar a su oponente, algo desde mi punto de vista,
impropio de alguien que se supone pretende llegar al Gobierno.
Pedro Sánchez parece que
sigue sin enterarse que ante los ojos de los ciudadanos, él y los suyos,
también han perdido esa legitimidad que le niega a Rajoy, pues los niveles de
corrupción de su partido son los mismos o más que los de los populares, desde
luego en cuantías muy superiores. El saqueo de los ERE y los cursos de
Formación en Andalucía han sido realizados por sus compañeros, que no lo
olvide.
Es evidente la crisis
política de gran calibre en la que estamos inmersos, esa crisis hace
imprescindible de una reforma profunda del sistema. Nuestro país se enfrenta a
un momento histórico decisivo, o se llevan a cabo las grandes reformas
esenciales que impidan que el sistema salte por los aires, o todo lo conseguido
desde la Transición se irá al traste.
Alguien dijo ayer en una
conferencia que “los ciudadanos tenemos derecho a exigir ahora que se realice
una segunda Transición para evitar la llegada de una tercera República” a lo
que yo añado “que sería sin duda aún más
dañina que las dos anteriores”.
