Cuando el 19 de agosto, el
eurodiputado de UPyD, Francisco Sosa Wagner, publicó en un diario nacional un
artículo en el que pedía abrir el dialogo con Ciudadanos para unir esfuerzos y
lograr acuerdos entre los dos partidos, me pronuncié de inmediato y manifesté
que Sosa Wagner tenía razón, que dos partidos constitucionalistas y
regeneradores que ocupan un espacio político similar debían, al menos, explorar
las posibilidades de unirse bajo una fórmula satisfactoria para ambos.
La petición de Sosa Wagner
levantó un gran revuelo en UPyD y consiguió, que al menos, los órganos internos
del partido abordaran el asunto, eso sí, manifestándose mayoritariamente contra
lo que él pedía. Aunque con posterioridad, ha habido contactos entre ambos
partidos, forzados por la actitud del eurodiputado.
Lo que sucede ahora, es que
UPyD ha decidido quitarle a Sosa Wagner la portavocía de su partido en Bruselas
y dársela a Maite Pagazaurtundua, algo que los mal pensados verán como una
venganza de Rosa Díez, pero que desde mi punto de vista está totalmente
justificado.
Sosa Wagner tuvo que
aceptar la decisión de su partido y volver a la normalidad en vez de romper
casi absolutamente la comunicación con su dirección, o bien, entregar su acta
de eurodiputado. Lo que no es de recibo, es dedicarse a ahondar en las
discrepancias y no acudir a las reuniones de coordinación.
Tras manifestar mi
reconocimiento a la figura de Francisco Sosa Wagner, político de los que no
abundan, entiendo que la dirección de UPyD haya perdido absolutamente la
confianza en él, pues la situación era insostenible y perjudicial para ese gran
proyecto llamado UPyD.
