Si defino como
“estercolero” la política que se hace en nuestro país, posiblemente, muchos
estén de acuerdo y menos me tacharan de exagerado. Pero lo cierto es, que la
ciudadanía empieza a estar harta de los comportamientos de los diferentes
partidos, eso de decirnos una cosa y hacer otra, y lo más grave, votar a una
opción en función de sus promesas electorales, y no solo incumplirlas, si no
hacer todo lo contrario.
Estamos asistiendo al
incumplimiento sistemático, por parte de Mariano Rajoy, de sus promesas
electorales, aunque lo cierto es, que no es el único que lo ha hecho, aunque posiblemente
sea el que lo haga más veces y con mayor descaro.
No creo que sea muy
descabellado pedir la inclusión en nuestro Código Penal de la figura
“incumplimiento de promesa electoral” evidentemente solo castigada cuando el
que la incumple disponga de mayoría absoluta.
Y lo digo desde el
convencimiento de que a los ciudadanos se nos está estafando en toda regla, o
se castiga este comportamiento o cada vez más ciudadanos van a optar por no
creerse a nadie y no ir a votar.
Un político no puede
demostrar tanto desprecio hacia quienes le dieron su confianza, olvidarse de
ellos, y solo pensar en los que él piensa le van a votar en los próximos
comicios. Pensar que aunque traicione a los que me votaron esa traición me
reportara otros votos y aún más numerosos resulta repugnante.
Olvidar los principios y la
conciencia, y abrazar al Dios de la Demoscopia resulta aberrante. El problema reside
en que la ciudadanía se puede dar cuenta de la jugada y te puede dar la
espalda.
