España tiene muchos
problemas, pero el principal problema se llama Pedro Sánchez, un individuo que
tiene tanto que ocultar, que incluso se niega a someterse a las preguntas que
habitualmente les realizan los profesionales de los medios en determinados y
tradicionales momentos.
Si Sánchez dijera
públicamente la verdad en relación a lo que está ofreciendo a ERC a cambio de
su apoyo en su investidura, o de las presiones que ejerce sobre la Abogacía del
Estado, probablemente podría hasta acabar sentado en el banquillo.
Y es que ya ni comparece tras
el último Consejo de Ministros del año, incluso su gobierno incumple la promesa
de convocar el Consejo de Política Fiscal, además, para presionar, y de paso
perjudicar a los pensionistas, aplaza la subida de las pensiones. Parece claro,
que con tal de presionar para sacar adelante su investidura es capaz de
cualquier cosa, sin importarle lo más mínimo las consecuencias de sus egoístas
movimientos.
Eso sí, Sánchez y su gobierno
en funciones, tienen tiempo para posicionarse en Hispanoamérica junto a quienes
pretenden incendiarla, junto a quienes pretenden derribar sus democracias para
implantar regímenes totalitarios. Que nadie lo dude, España ya pertenece de facto al Foro de Sao Paulo, hoy en día, España está
con Cuba, con Venezuela y con la izquierda narcocomunista sudamericana, para nuestra vergüenza.
Visto lo visto, cualquier
opción es mejor que la que finaliza con la investidura de Sánchez, pues si esta
fructificara sería gracias al apoyo de partidos que en absoluto quieren que
haya estabilidad política y que, por el contrario, pretenden que nuestra Nación
reviente.
