Hace años que el cambio
climático ha dejado de ser un debate puramente científico para convertirse en
una especie de religión, un acto de fe ajeno a la objetividad de los datos,
cuyos profetas, como es el caso de la joven sueca Greta Thunberg, se dedican a pregonar
el fin del mundo para generar alarmismo y, de este modo, poder influir tanto en
los medios como en las agendas políticas de los gobiernos.
Se equivocan quienes piensan
que el temido calentamiento global tan sólo tiene que ver con la protección del
medio ambiente, puesto que, en realidad, se trata de la nueva excusa de la
izquierda para, de una u otra forma, imponer su ideario intervencionista,
liberticida y gravemente empobrecedor.
Todos los calentólogos, en
mayor o menor medida, apuestan por el estatismo como única forma posible de
frenar el cambio climático o, al menos, combatir sus funestas consecuencias.
Pero, ¿cómo? Mediante el socialismo. Es decir, exacerbando hasta límites
insospechados el poder de los gobiernos para determinar el estilo de la vida
que deberían llevar a cabo sus respectivas poblaciones, empezando por la forma
de consumir y producir energía, cuyo precio se dispararía, junto al resto de
bienes y servicios.
Y todo ello en base a un
supuesto consenso científico que, por mucho que se diga lo contrario, está muy
lejos de ser unánime. Una red internacional formada por 700 científicos y
profesionales de reconocido prestigio han aprovechado la Cumbre del Clima para
recordar, una vez más, que «no existe emergencia climática». En su
manifiesto destacan, entre otras cosas, que los factores naturales, no
exclusivamente antropogénicos, causan calentamiento; que éste, además, es mucho
más lento de lo pronosticado por el grupo de expertos de la ONU (IPCC); que la
política climática se basa en modelos de medición y previsiones inadecuados;
que el CO2, pese a su mala fama, es la «base de toda vida en la
Tierra»; que el calentamiento global no ha aumentado los desastres
naturales; o que, en definitiva, «no existe causa de pánico ni
alarma».
Estos científicos añaden que «El
objetivo de la política global debe ser la prosperidad para todos
proporcionando energía confiable y económica en todo momento. En una sociedad
próspera, los hombres y las mujeres están bien educados, las tasas de natalidad
son bajas y las personas se preocupan por su medioambiente», añade el
documento. Las fuertes restricciones planteadas, junto con el fuerte
encarecimiento de la energía, por el contrario, obtendrán como resultado un
mayor empobrecimiento económico.
Y, por si fuera poco, aun
tomando como cierto el catastrofismo que venden los ecologistas, el mundo está
muy lejos de su fin, ya que, según las últimas previsiones de la Agencia
Internacional de la Energía, el aumento de las emisiones de CO2 y, por tanto,
la subida media que alcanzará la temperatura global a finales de siglo se
encuadrarían en el escenario moderado que elabora el propio IPCC, por debajo de
2 grados. Es decir, todo apunta a que sí se alcanzarán los objetivos de
reducción fijados, evitando con ello los peores pronósticos.
Es imprescindible conocer,
que el precio de la electricidad se ha disparado allí donde los gobiernos han
apostado firmemente por las energías renovables, como es el caso de España, con
una subida próxima al 70% en la última década, Alemania, con un 51% extra
durante su expansión solar y eólica entre 2006 y 2016, o Dinamarca, donde el
precio se ha más que duplicado desde 1995, cuando intensificó el despliegue de
renovables.
El cuento verde del
calentamiento esconde, por tanto, dos amenazas muy reales que poco o nada
tienen que ver con el pretendido fin del planeta: el primero, el regreso del
socialismo más abyecto y ruinoso bajo la excusa del cambio climático; y el
segundo, el empobrecimiento de la población, con especial incidencia en el Tercer
Mundo, debido a la subida de la luz y la fiscalidad. Y todo ello en base a un
alarmismo injustificado en el que abundan las falacias, las exageraciones y los
funestos designios de falsos e interesados profetas.
El cofundador y ex presidente
de Greenpeace, Patrick Moore, ha denunciado que todo lo que se afirma sobre el
cambio climático es un «engaño y estafa» que se ha apoderado del
mundo científico «mediante la superstición y una especie de combinación
tóxica de religión e ideología política”.
Para Patrick Moore, hay que
recuperar el mensaje lanzado en su día por John Coleman, el difunto creador de
Weather Channel, que calificó el calentamiento global como «la mayor
estafa de la historia”. En su opinión, son “el miedo y la culpa” los
sentimientos que están impulsando el argumentario del “cambio climático”.
“El movimiento global que denuncia ‘el cambio
climático’ ha corrompido a los políticos y las burocracias institucionales para
ejercer un mayor control sobre las personas”, explicó Moore, que señala, además,
que las empresas «verdes» solo existen a costa de los contribuyentes.
“Y así tienes el movimiento verde creando historias que infunden miedo en el
público. Tienes a los medios de comunicación que actúan como inmensas cámaras
de eco que repiten una y otra vez las noticias falsas de que están matando a
tus hijos, y luego tienes a los políticos ‘verdes’ que están comprando a
científicos con dinero de los Gobiernos para producir temor difundiendo
materiales con apariencia científica; y luego están los negocios ecológicos y
los grandes capitalistas que están aprovechando los subsidios masivos y los
encargos gubernamentales relacionados con las tecnologías verdes para
incrementar sus fortunas. Y, por supuesto, están los científicos que están
dispuestos, básicamente, a estar permanentemente enganchados a las subvenciones
del Gobierno sobre este tema”.
Afirma Patrick Moore que la
mayor falsedad es hablar de “un 99 por ciento de consenso [entre los
científicos] sobre el cambio climático”. “Es una cifra completamente ridícula y
falsa, ya que la mayoría de los científicos que están divulgando constantemente
esta teoría catastrófica reciben dinero público. Lo que hacen estos llamados
científicos es simplemente producir más miedo para que los políticos puedan
usarlo para controlar la mente de las personas y obtener sus votos, porque
algunas personas están convencidas de que “¡Oh, este político puede salvar a
los niños de la muerte por el cambio climático!”.
Para Moore, la situación es
tan dramática que “la creencia ciega en el calentamiento global antropogénico
amenaza el razonamiento moderno en sí mismo. De hecho, esta abominación que
está ocurriendo hoy en día con el tema del clima es la mayor amenaza para la
Ilustración que ha ocurrido desde Galileo. Pocas cosas son comparables a este
engaño gigantesco en la historia de ciencia. Se están apoderando de la ciencia
a través de la superstición y se ha producido una especie de combinación tóxica
de pseudoreligión e ideología política. No hay ninguna verdad en esto. Es una
completa estafa”.
