Ya se conoce para qué, la ministra Isabel Celaá, diseño su nueva y asquerosa norma educativa, es una simple venganza contra la educación concertada, contra esas asociaciones de padres de alumnos que piden libertad para elegir la educación que desean para sus hijos, y su principal fin, para convertir las aulas en auténticas “madrasas” para que políticos desaprensivos adoctrinen sin el más mínimo escrúpulo a nuestros hijos.
Esta nueva ley, elimina los criterios de mérito y capacidad, permitiendo que los alumnos pasen de curso con asignaturas suspensas y sin demostrar unos conocimientos mínimos. A partir de ahora, cuando un español vaya a otro país optando a un puesto de trabajo y muestre sus títulos, ¿creéis que serán valorados igual que los de otros países?
Y para más inri, el PSOE, Podemos y ERC, han pactado una enmienda a esa Ley, para eliminar al español, que no castellano, como lengua vehicular en toda España. Sánchez elimina lo que más nos cohesiona y une a los españoles, nuestra lengua, a cambio de que los que pretenden romper España le permitan permanecer más tiempo en La Moncloa, bochornoso.
Y esto ocurre en un país, en el que la esposa del presidente Sánchez, Begoña Gómez, sin ni siquiera licenciatura, va a debutar en la Complutense como codirectora de una cátedra extraordinaria.
Y ante este panorama, Casado, ante su Comité Ejecutivo Nacional, repite una y otra vez las palabras, centro y moderación, incluso alberga la esperanza de que “socialistas avergonzados” busquen cobijo en su partido. Casado no entiende, o no quiere entender, que entre los que amamos profundamente a España y los que pretenden destruirla, no cabe la equidistancia, ni la neutralidad, o estás donde debes, o lo mejor sería que su partido optase por lo que otros muchos hicieron hace casi nueve décadas, exiliarse en Francia para no decantarse.