Lo que está ocurriendo con la pandemia en España, es de locos. El Ministerio de Sanidad, ha cambiado por enésima vez de criterio, y se dispara el número de víctimas reconocidas oficialmente, número que nada tiene que ver con el real, pues el Instituto de Salud Carlos III y su sistema de monitorización de la mortalidad (MoMo), junto a los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), elevan el exceso de mortalidad del año a cerca de 66.000 fallecidos frente a los 38.118 que solo reconoce este infame Gobierno que sufrimos. La intencionalidad al realizar esos cambios de criterio es clara, dificulta comparar lo que ocurre en esta segunda ola con lo acontecido en la primera.
Si en la primera ola hubo, gestión irresponsable y criminal del Gobierno, en esta segunda ola está habiendo “dejación de sus responsabilidades”, endosándole a las distintas CCAA la gestión frente al virus. El resultado se está viendo, las distintas Taifas, toman medidas distintas, van dando palos de ciego, y la catástrofe sanitaria se acerca, más y más.
Curiosamente, la atacada no hace mucho, Comunidad de Madrid, está consiguiendo excelentes resultados. Sólo las Islas, Comunidad Valenciana y Galicia, tiene ya mejores datos en lo referente a casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días. Viniendo de dónde venían, Ayuso y su equipo, pese al traidor Aguado, están realizando una excelente gestión de la pandemia, y sería muy injusto que, tarde o temprano, cuando el Gobierno de Sánchez, no tenga más remedio que recuperar la iniciativa, haga un totum revolutum y nos confine a todos, hasta a Madrid.
Personalmente, estoy en contra del confinamiento, pues entiendo que es el reconocimiento de la incapacidad del propio Gobierno, pues mientras la mayoría hemos cumplido escrupulosamente con las medidas impuestas, ahora, los ciudadanos responsables tenemos que confinarnos porque el Gobierno no ha sido capaz de impedir que los incívicos campen a sus anchas. Y qué decir de nuestra economía en general, y de la economía en particular, de todos esos ciudadanos, pequeños empresarios, autónomos, y sus trabajadores, quienes un segundo confinamiento los “liquidaría”.