Hace pocas décadas, nuestra Sanidad era de las mejores del mundo, y por ello, nos sentíamos argullosos de ella, pero en poco tiempo, hemos visto como se ha deteriorado enormemente.
De qué nos sirve tener grandes hospitales, si dejamos agonizar a la Atención Primaria, esa barrera que en condiciones aceptables solucionaría el 90% de los problemas de salud de la ciudadanía española.
La Atención Primaria lleva acumulando, déficits presupuestarios y de personal, desde hace ya muchos años, y con la llegada de la pandemia se ha colapsado definitivamente.
En 2017, España tenía 0´76 médicos por cada mil habitantes, sólo países como Bulgaria o Grecia están tan mal, en cambio, Portugal está en 2´63 y lidera ese ranking. En la Sanidad Pública española faltan 10.000 médicos y casi 20.000 enfermeras para estar a nivel medio europeo. Dinero hay, pero se dedica a otras cosas, a financiar los chiringuitos ideológicos de género o de Memoria Histórica, y a pagar los sueldos de esa legión de enchufados por los partidos políticos en cuanto tocan poder local, provincial, autonómico o nacional.
Nos dicen pomposamente, que nuestra Sanidad es universal, cuando debería atender correctamente a todos los españoles, a quienes hemos cotizado toda nuestra vida, y también, a los que no lo han hecho. Pero lo que no se puede consentir, es que se atienda de igual manera a cualquier ilegal de esos a los que se les permite colarse o se les pague las intervenciones a los turistas sanitarios del primer mundo.
Un médico de familia que, por cierto, está muy mal pagado, no puede atender diariamente a ochenta pacientes y realizar un descomunal trabajo burocrático, y en las listas de espera, la demora es casi de juzgado de guardia. Los mejores se marchan a países donde se les reconoce su trabajo y se les paga un salario que multiplica el de aquí. Mal panorama e incierto futuro para nuestra Sanidad.