No es nada normal que el nuevo líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, monte una reunión con los líderes de la patronal y de los sindicatos, para tener coartada para no asistir a la toma de posesión de Alfonso Fernández Mañueco como presidente de Castilla y León. Feijóo quiere evitar por todos los medios salir en una foto con gente de Vox. Mal empezamos si a las primeras de cambio afloran los complejos de siempre.
Esta actitud de Feijóo, lo que demuestra, es que la nueva cúpula del PP tampoco ha interiorizado cual es la situación real de la política española en general y del centro derecha en particular. Aún parecen no enterarse de que el bipartidismo murió, y que ahora, tanto el PP como el PSOE, o se acostumbran a pactar con sus socios naturales o jamás podrán gobernar.
Las elecciones andaluzas parecen estar a la vuelta de la esquina, y todo parece indicar que, de nuevo, el pacto PP-Vox será inevitable y con un reparto de escaños mucho más favorable a los de Abascal. Por ello, no creo que Feijóo vaya a ausentarse de todas las tomas de posesión de cara al futuro.
Y todo esto ocurre, mientras continúa la cacería contra el alcalde de Madrid por el caso de las compras de EPIs. Tengo que decir que me sorprende bastante la pasividad de la cúpula popular, cuando es público y notorio que, la casi totalidad de las compras millonarias que hizo el Gobierno en un tiempo en el que había mucha más demanda que oferta, las hizo a través de intermediarios socialistas para enriquecerlos, y no sería temerario pensar que, parte esas altas comisiones volvieran al PSOE a modo de financiación ilegal. Deberían de estar, día sí y día también denunciándolo en los medios y en los juzgados.
El juicio mediático que se les ha hecho a los comisionistas que le proporcionaron los EPIs al Ayuntamiento de Madrid, lo veo absurdo. El que vende, pone precio y enseña el producto, y por supuesto, intenta ganar el máximo que pueda, si el comprador acepta, se acaba la historia. Estaría bueno que los que pretenden fijar precio a todo, también pongan límites a la ganancia de un mediador en una transacción comercial.