Posiblemente, todo empezó aquel día en el que los que decidieron crear la Unión Europea, tomaron la decisión de omitir las raíces cristianas de nuestro continente en su acta fundacional. Aunque pretendan esconderlo, alguien debería decirnos cómo es posible explicar Europa, Occidente y la propia España, sin Roma y sin la Cruz.
En el seno de las sociedades occidentales, los enemigos de nuestras tradiciones y de esas raíces cristianas que lo impregnan todo, casi todos nuestros gobernantes reniegan de ellas y nos pretenden hacer creer que es antiguo y retrógrado. Precisamente, este viernes santo, lo he podido comprobar contemplando y disfrutando de esas procesiones de nuestra Semana Santa, en mi caso, la sevillana, en donde las hermandades, de más tradición y renombre, ralentizaban su paso hacia sus iglesias para que el pueblo disfrutara el máximo tiempo posible de momentos inolvidables.
He podido ver pasar por delante de mí, a la Virgen Macarena, al Señor de Los Gitanos, y a la Esperanza de Triana, he podido ver a sevillanos, a turistas españoles de otras provincias y a turistas extranjeros, vibrar contemplando un espectáculo único. Personalmente, hace años vi a un reconocido ateo, como le caigan las lágrimas mientras le cantaban una saeta al Señor de Los Gitanos junto al Palacio de Las Dueñas, él mismo no lo podía explicar.
Lo que yo he visto hoy, es un antídoto contra la gran ofensiva materialista en la que estamos envueltos, contra esa gran ofensiva globalista que pretende anular nuestra identidad como pueblo, que lo reduce todo a lo material y que nos dicta cómo tenemos que vivir. Para ellos, Cristo Rey, es una antigualla, para nosotros lo es todo.