Si analizamos las encuestas de las diferentes empresas demoscópicas de cara a las elecciones andaluzas, lo primero que se aprecia con claridad es que la suma de los escaños de PP y Vox conseguirán una victoria abrumadora cercana al 60% de los votos, lo que en definitiva es lo que más importa a los andaluces de bien. Moreno ganaría las elecciones en Andalucía, pero necesitaría a Vox, sí o sí, para gobernar.
Mientras el PP apenas superaría los 40 escaños, el “efecto Olona” sitúa ya a Vox por encima de los 25 escaños. La maniobra del PSOE de anular la candidatura de Olona por su empadronamiento en Salobreña, le ha salido bastante mal, pues ha fortalecido a la candidata de Vox. Como la mayoría absoluta en Andalucía está situada en los 56 escaños, parece imposible que en apenas tres semanas la izquierda, por mucho que intoxiquen sus medios afines, casi todos, por cierto, puedan dar la vuelta a la situación; y aún más imposible, si sabemos que Vox tiene mucho voto nunca declarado y por lo tanto, nunca contabilizado en los sondeos.
Entre Unidas Podemos y el resto de grupúsculos minoritarios comunistas apenas llegarán a los diez escaños, y el PSOE, se puede dar con un canto en los dientes si supera los 30 escaños, hasta incluso Vox podría relegarlo a tercer partido. Pero de qué nos extrañamos, si el PSOE ha gobernado Andalucía más como una organización criminal que como un partido político, pues se ha dedicado a saquear las arcas públicas. Los andaluces lo saben y se lo van a hacer pagar.
Juan Espadas (PSOE) es un candidato totalmente desconocido fuera de Sevilla, y los andaluces saben que es el hombre de confianza de Pedro Sánchez. Como no pueden patearle el trasero a Sánchez directamente, lo harán en el trasero de su candidato, eso seguro.
Mi opinión es que, en su giro al centro, el PP va a captar muchos votos del extinto Ciudadanos y hasta de los pocos socialdemócratas que quedan en el PSOE pero que, a su vez, Vox va a recibir muchos votos conservadores que tradicionalmente iban al PP. Los dirigentes populares deberían saber que, si abandonas tu lugar en el tablero, otro lo ocupa.
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