El presidente de la Junta
de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, dio ayer una conferencia en el Círculo de
Economía de Barcelona. Su discurso, teóricamente, se basaba en la recuperación
del dialogo entre los sectores más moderados de la política catalana y del
resto de España.
Es evidente, que Moncloa ha
puesto en marcha una nueva estrategia para intentar reconstruir esos puentes de
dialogo que hoy en día no existen ni siquiera con los nacionalistas más
moderados, esos que han sido barridos de la política catalana al tirarse al
monte la antigua Convergencia.
Pero ayer, Nuñez Feijóo,
fue demasiado lejos y pisó tierras movedizas afirmando cosas absolutamente
aberrantes. Cuando afirmó, que en ese dialogo “no puede haber líneas rojas” y
que “la ley no sea un obstáculo para cultivar una empatía que permita alcanzar
el consenso”, lanza una peligrosa carga de profundidad contra nuestro maltrecho
Estado de derecho.
El presidente gallego,
debería de saber, que sí existen unas líneas rojas que jamás se pueden
atravesar, y son las que marcan la legalidad constitucional y el resto de las
leyes. Esas que en Cataluña se niegan a respetar sin que nada les ocurra a los sediciosos.
Afirmó la “chorrada” de
querer rescatar el Estado de las Autonomías, justamente cuando cada vez más
ciudadanos, y con razón, consideran que la organización territorial que nos
dimos en la Transición es la gran culpable de todos nuestros actuales males.
Y como no, así de pasada,
habló de la famosa reforma de la financiación autonómica, mucho me temo que la
principal baza del PP para ese dialogo, es cometer de nuevo el error de
intentar apaciguar a quienes nunca se sentirán satisfechos, dándoles más
“pasta”, lo que siempre hicieron y nunca funcionó.
Primero fue Soraya Saenz de
Santamaría la que nos procupó con sus palabras al respecto, después fue Inés
Arrimadas (Ciudadanos) la que dijo también bastantes barbaridades, y ahora
Nuñez Feijóo. Y del PSOE, que es incapaz de romper con el PSC, posiblemente por
debilidad extrema, y que se sitúa siempre en la ambigüedad, mejor ni hablamos.
Como vemos, los partidos
constitucionalistas han perdido el norte con respecto al desafío de los
independentistas catalanes.
