A cualquier zumbado se le puede ocurrir amenazar por carta a otra persona, pero para eso están los mecanismos de detección de envíos sospechosos y los demás protocolos que se implantaron en toda la red postal hace décadas para evitar que los terroristas consiguieran sus objetivos.
Cuando la izquierda sabe que va a perder unas elecciones, es capaz de cualquier cosa para intentar cambiar el voto de los ciudadanos, pero tras la estafa del 11-M entiendo que cada vez más españoles no se van a dejar engañar.
Iglesias ha demostrado en varias ocasiones que eso de simular delitos no es ajeno a él, por lo que su credibilidad en este asunto es cero. En el debate de la SER abochornaba ver esa indignación impostada por no creer la candidata de Vox en la veracidad de la amenaza postal, y abochornaba porque el propio Iglesias se ha caracterizado por abrazarse y ser colega de los camaradas de esos asesinos que le metieron las balas en la nuca a Miguel Ángel Blanco. El farsante que no condena los ataques a los actos de Vox, el que los alienta, que no se queje ahora.
Iglesias pretende convertir las elecciones madrileñas en un plebiscito entre fascismo y democracia, cuando en realidad son un plebiscito muy distinto, pues los madrileños dirán votando si quieren el comunismo, que él y su pretendiente Gabilondo representan, o la libertad.
¿Que se inventará ahora la izquierda para intentar que el resultado cambie? Todo es posible, pues nunca han tenido el más mínimo empacho en fomentar la desunión, el enfrentamiento y el odio, con tal de sacar ventaja.