Si la gran mayoría de la ciudadanía española está más que indignada con lo que pretende perpetrar Sánchez aprobando una Ley de Amnistía para quienes intentaron un Golpe de Estado en Cataluña en 2017, imaginemos como han reaccionado ante la noticia los miembros de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, esos que se enfrentaron y fueron apedreados por las turbas callejeras golpistas el 1-O y tras la publicación de la sentencia condenatoria a los líderes del frustrado golpe. Ahora, con esta iniciativa, Sánchez, solo pretende mantenerse en el poder y de paso, apedrea de nuevo a todos nuestros agentes.
Distintas asociaciones de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, que representan a cerca de 100.000 agentes, unos dos tercios del total, han mostrado su sentir públicamente. Se muestran decepcionados, desmotivados, preocupados ante lo que consideran una “tiranía” y alertados por el precedente que sienta en la persecución de delitos graves. Dicen que lo que Sánchez pretende, es una amenaza clara a “la Constitución, la democracia y el Estado de Derecho”.
El mismo clamor que hay en nuestra sociedad, lo hay entre los miembros de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, no hay ni un sólo representante de sindicatos de policías y guardias civiles que no considere escandalosa la propuesta de Ley de Amnistía que ha pedido el huido de la Justicia y expresidente catalán, Carles Puigdemont, como pago para investir presidente a Pedro Sánchez.
Es hora de que reconozcamos, que nuestro actual sistema político, poco o nada tiene que ver con el que nos dimos en la Transición, con Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar, se respetaba el espíritu de quienes optaron por el perdón y la reconciliación de esas dos Españas que se fraguaron durante la II República, nuestra Guerra Civil y durante el Régimen de Franco, pero tras el 11-M y su cierre en falso, llegó Zapatero, reabrió viejas heridas y comenzó la degradación de nuestro sistema democrático, una degradación que está culminando, Pedro Sánchez. A fecha de hoy, nuestra democracia está mucho más cerca de catalogarse como fallida que de otra cosa, pues un autócrata amoral controla desde La Moncloa los tres poderes del Estado. Nuestro presidente solo tiene dos prioridades, Pedro y Sánchez, a España y a los españoles “que nos vayan dando”.
Claro, conciso y concreto, tres virtudes de Don Alejandro Baeza.
Se agradecen sus palabras.