El presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, hizo público ayer el anuncio de la convocatoria de elecciones regionales para el próximo domingo 17 de mayo. Con esta decisión, el dirigente popular prácticamente agotará la legislatura, cerrando un ciclo político de casi cuatro años desde los anteriores comicios celebrados el 19 de junio de 2022. La comunicación tuvo lugar durante una comparecencia extraordinaria en el Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz, desde donde Moreno Bonilla explicó su intención de disolver el Parlamento y fijar la nueva cita con las urnas. A juicio del presidente, la fecha escogida es la “más adecuada” para favorecer una amplia participación ciudadana, aunque muchos interpretan que su principal motivación responde a estrategias electorales frente a su mayor competidor, VOX.
Durante las últimas semanas, el Ejecutivo andaluz ha hecho un intenso uso de los medios públicos autonómicos, difundiendo mensajes y coberturas que, según muchos observadores, buscan erosionar la imagen de VOX, partido que considera su único obstáculo real para revalidar la mayoría absoluta que actualmente ostenta, aunque con escaso aprovechamiento político. Tras este periodo de evidente precampaña, Moreno Bonilla ha decidido dar el paso definitivo y convocar oficialmente las elecciones, en un momento que él mismo califica como “óptimo”, pero que sus adversarios ven como una maniobra calculada.
Pese al tono triunfalista y la sonrisa constante con la que el presidente intenta proyectar una imagen de optimismo y gestión eficaz en cada una de sus apariciones públicas, la realidad andaluza dista mucho de esa postal. Después de dos mandatos consecutivos, Andalucía continúa situada a la cola de las regiones españolas y europeas en materia de desarrollo económico, empleo y calidad de los servicios públicos. Los sectores esenciales como la Sanidad y la Dependencia se encuentran en una situación crítica, con listas de espera desbordadas que contradicen por completo el ideal de un Estado del Bienestar que, en esta comunidad, se percibe más como una promesa incumplida que como una realidad tangible.
Lo más preocupante es que Moreno Bonilla ha mantenido muchas de las políticas y estructuras heredadas del socialismo andaluz, copiando incluso algunos de sus postulados ideológicos y preservando las redes clientelares que tanto criticó cuando estaba en la oposición. En la práctica, el líder popular ha acabado protegiendo a buena parte del entramado vinculado al anterior gobierno del PSOE. Así, aquella promesa de “cambio” que anunció al llegar al poder ha terminado, a ojos de muchos ciudadanos, convertida en una auténtica estafa política.
Frente a esta situación, y pese a los intentos del Partido Popular andaluz de maquillar la realidad, la irrupción y consolidación de VOX se presenta como una alternativa tangible. El partido liderado por Santiago Abascal viene impulsando en toda España una oleada de lo que sus dirigentes definen como “sentido común”, un fenómeno político que ya ha tenido repercusión en otras comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde su influencia es decisiva tras conseguir excelentes resultados.
Desde VOX se propone un “cambio de rumbo” profundo frente a lo que califican como la “maquinaria corrupta” del PSOE y la “falsa alternativa” del PP, a los que acusan de formar parte de esa vieja estructura de poder que son parte del problema y no la solución de nada. Su mensaje no se basa en ofrecer milagros, sino en reivindicar soluciones sensatas a los problemas cotidianos de los ciudadanos, que los enfermos puedan ser atendidos con rapidez y dignidad, que los jóvenes encuentren oportunidades reales para formar una familia y adquirir una vivienda, y que las ayudas públicas lleguen primero a quienes verdaderamente las necesitan, los españoles, por eso abogan por la prioridad nacional en todo, tanto en vivienda pública como en ayudas de todo tipo.
Asimismo, VOX defiende la libertad de los trabajadores del campo, reclamando menos trabas administrativas y mayor apoyo institucional para el sector agrícola, una de las columnas vertebrales de la economía andaluza. También pone énfasis en garantizar la seguridad ciudadana y en tomar medidas firmes contra la inmigración ilegal, fenómeno que consideran especialmente grave en el territorio andaluz debido a su situación geográfica.
En definitiva, los de Abascal presentan un programa de medidas pragmáticas y de sentido común, orientado a devolver la esperanza a una región que se siente estancada tras casi ocho años de gobierno de Moreno Bonilla. El 17 de mayo marcará, según ellos, un punto de inflexión en la historia reciente de Andalucía si los ciudadanos así lo deciden con su voto.
Por su parte, el PSOE andaluz apenas figura en el debate público actual. Su protagonismo en esta campaña es tan escaso que la mayoría de las conversaciones políticas giran únicamente en torno al tamaño del previsible descalabro electoral que sufrirá en las urnas, tras años de corrupción, viene el correspondiente desgaste y la pérdida de apoyo social.
El contenido de este artículo hay que digerirlo con el paso del tiempo, no solamente el día de las elecciones
Claro, es que Moreno Bonilla ha estado siempre más por ser una especie de emir de Andalucía. Vamos, el presidente de una Andalucía Confederada en una España confederal siguiendo la estela de los separatistas y xenofobo-racistas vascos y catalanes. Lo que coloquialmente también se conoce como cabeza de ratón en lugar de cola de león.