El mismo PP que presentó un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley del Aborto, ese que recientemente al saber que su recurso había sido rechazado casi monta una fiesta, en Andalucía se está cubriendo de gloria, mejor dicho, de muerte.
Juanma Moreno Bonilla y su gobierno, supongo yo que en ese afán de parecer más progres que la propia izquierda para que esta les perdone ser supuestamente de derechas, cosa que nunca conseguirán, se ha propuesto crear un grupo de ginecólogos que perpetren sus “crímenes a domicilio”, como lo oyen.
La consejera de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía, Catalina García (PP), ha optado por ello al negarse en Jaén todos los ginecólogos de la Sanidad Pública de esa provincia a practicar abortos, pues todos son objetores de conciencia al entender que ellos están para salvar vidas y no para acabar con ellas.
Conviene que recordemos, que el febrero el Pleno del Parlamento andaluz acordó, con los apoyos de los grupos Socialista, Por Andalucía y el Mixto-Adelante Andalucía, y gracias a la abstención del PP-A, instar a la Junta a «cumplir los preceptos establecidos en la Ley 2/2010, de 3 de marzo de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, y garantizar el libre derecho de las mujeres andaluzas a abortar en la sanidad pública andaluza y en cualquier caso, dentro de su provincia». Solo Vox votó en contra.
Es muy triste que el Gobierno de Moreno Bonilla dedique más esfuerzos y recursos públicos en fomentar la cultura de la muerte que la cultura de la vida, cuando lo lógico sería apoyar y ayudar a las mujeres embarazadas para que sus hijos nazcan ponen en marcha lo que ellos han calificado como el «aborto a domicilio”.
Estamos ante un ejemplo más de lo que es este PP, un partido que en lo ideológico no se diferencia en nada del PSOE, es decir, que es un partido abortista que ve bien matar a un niño en el vientre de su madre, el ser más indefenso y vulnerable que existe, un partido que no rechaza la eutanasia, que no la derogará si gobierna y que se ha echado en brazos de los lobbies LGTBI.
Y curiosamente, la Conferencia Episcopal está “chochita” con Feijóo y oculta a sus fieles que están en perenne campaña para que estos defensores de la cultura de la muerte nos gobiernen.
En cada caso cada cual actúe según su conciencia. Lo que no puede ser el aborto o la eutanasia una forma de obtener votos. ⅞