Comienza el juicio del caso
Gürtel, justamente cuando el Partido Popular está pendiente de la
gobernabilidad, de los movimientos que realice al respecto la nueva Gestora del
PSOE, en la esperanza de que los socialistas cambien su no por la abstención, pero
a sabiendas de que ir a unas terceras elecciones tampoco les vendría mal,
aunque oficialmente a todos les parece hipócritamente la peor opción posible.
Lo políticamente correcto sigue imperando.
Desde Génova, tratan de
transmitir que lo de la Gürtel es algo muy lejano, y pese a que bastantes de
los actuales dirigentes populares compartieron despachos con algunos de los
encausados, al haber estos sido expulsados o abandonaron voluntariamente el
partido, entienden que sus responsabilidades políticas fueron depuradas y que
ahora les toca afrontar sus responsabilidades penales, afirmando que “la
justicia haga su trabajo”.
Lo que sucede es que todo
no es tan fácil, hablamos de un caso que se arrastra desde 2008 y que el
Partido Popular se sienta en el banquillo como responsable civil subsidiario a
título lucrativo, lo que implica que el partido como tal no tenía conocimiento
de la trama pero que sí se aprovechó de sus beneficios. Afirmación que cada uno
es muy libre de creérsela o no.
Estamos ante un caso, como
los que salpica a otros partidos, especialmente al PSOE, de corrupción que
enriquece a quienes la cometen y de paso, financian a su partido.
No voy a ser yo el que se
apunte a la famosa moda de satanizar al Partido Popular, simplemente afirmo,
que todo aquel que cometa delito de corrupción sea condenado, devuelva el
dinero robado y vaya al talego, dándome igual a qué partido pertenezca.
Si los viejos partidos
pretenden que la ciudadanía vuelva a confiar en ellos, es imprescindible que
actúen con contundencia contra quienes desde cargos públicos pretenden
enriquecerse ilegalmente, pues si los ciudadanos no ven verdadera determinación
en combatir la lacra de la corrupción, el populismo demagógico pescará muchos
votos en sus caladeros tradicionales.
