Con las cifras oficiales, aunque falsas, del Ministerio de Sanidad, nuestro país se sitúa en lo alto del podio de los estados que registran más defunciones en proporción a la población.
El 14 de marzo de este año, el Gobierno declaró el estado de alarma para intentar frenar el avance del Covid-19. Seis meses después de aquello, nuestro país lidera las peores estadísticas de esta enfermedad a nivel mundial. Por entonces, España contabilizaba 5.753 casos y 136 muertos, según el Ministerio de Sanidad, hoy, el número de contagios alcanza los 566.326 y el de personas fallecidas ha subido hasta las 29.747 oficiales y ficticias, pues según el estudio de exceso de mortalidad del Instituto de Salud Carlos III (MOMO), el Instituto Nacional de Estadística (INE) o los registros civiles, ya se rozarían las 60.000 muertes.
España es el país, del primer mundo, que registra el mayor número de contagiados por millón de habitantes, y un mayor número de pacientes críticos en las unidades de cuidados intensivos.
Como colofón, España es el país con mayor número de sanitarios infectados de todo el planeta, después de que a comienzos de la pandemia los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y el resto del personal tuvieran que atender a miles de pacientes de Covid-19 sin medios de protección.
Por todo esto, cuando Trump hizo mención a España y a la grave situación en la que nos encontrábamos, tenía toda la razón, por mucho que las TV progres se escandalizaran.
También quería dar mi opinión sobre los “rastreadores”, esa coartada de los políticos en el poder que nos quieren contar la milonga de que, en la actual situación, sirven para algo. Los rastreadores sirven cuando hay brotes, pero cuando los contagios empiezan a ser generalizados, sirven para muy poco. Con las actuales cifras de contagio, esas personas las deberían emplear en realizar otras funciones en las que los profesionales están muy superados.