Cuando lo lógico hubiese sido convocar un acto abierto y promovido por la sociedad civil, el Partido Popular ha preferido hacer un mitin de partido, cuando lo que realmente necesita España ahora mismo es unidad. En estos momentos, no se te puede llenar la boca continuamente del concepto “sentido de Estado” y preferir el acto partidista.
Tomaron la palabra los expresidentes del gobierno, Aznar y Rajoy, quienes se hartaron de pactar y hacer concesiones a los separatistas durante sus mandatos. Aznar permitió, con el Pacto del Majestic, que los separatistas catalanes excluyesen el español en las escuelas de Cataluña y el gobierno del PP no lo recurrió al Tribunal Constitucional. A su vez, Rajoy respondió con absoluta mansedumbre al golpe de Estado separatista de 2017, aprobando la suspensión de la autonomía catalana tarde y mal. Rajoy, con su mayoría absoluta, pudo revertirlo todo y devolverle al Estado todos los instrumentos que le habían arrebatado los socialistas para defenderse de sus enemigos internos, pero no hizo absolutamente nada. Si estamos como estamos es, en gran medida, por la actuación de ambos presidentes. El PP es muy culpable de lo que actualmente ocurre.
La coartada era “defender la igualdad” pero desde calle Génova lo que han pretendido en realidad es que la buena asistencia registrada suavice lo evidente, que no es otra cosa que, Feijóo ya reconoce haber tirado la toalla y da por seguro que no podrá sacar adelante su investidura y también, intentar acallar a esas voces críticas que ayer gritaban Ayuso, Ayuso, para poder estar otros cuatro años de líder de la oposición.
Tirando de hipocresía, Feijóo, dio las gracias a los 33 diputados de Vox por su apoyo y lo dijo, después de haber optado por organizar un acto de partido al que no quiso invitar a Vox, en lugar de hacer una manifestación unitaria en Madrid, como mínimo, curioso.
Si Feijóo habló tanto de igualdad, ¿por qué el PP insiste en apoyar una ley de violencia de género que rompe la igualdad ante la ley? Se trata de una ley que establece penas distintas en función del sexo de la persona que comete una agresión en el ámbito de la pareja. ¿Es eso igualdad?
Feijóo también se atrevió a hablar del Cristianismo, pero lo que dijo no es coherente con su discurso defiendo el aborto como un derecho y su imposición de la ideología de género en los colegios Galicia, violando el derecho constitucional de los padres a que sus hijos reciban una formación moral acorde con sus creencias.
Y el remate fue cuando Feijóo dijo: «Creo que las lenguas de todas las comunidades y la lengua común es la expresión de la riqueza y del entendimiento cuando se utilizan entre los que las saben. Pero no nos tratemos como extranjeros en nuestro país. Comuniquémonos con respeto, y no con pinganillos y con pantallas de karaoke en el Congreso de los Diputados. No tiene sentido. No es esto lo que se pide. Al Congreso se va a entenderse, no a traducirse». Pues eso es precisamente lo que ha hecho Feijóo en Galicia: la exclusión del español a nivel oficial, empezando por la toponimia, en la que sólo son oficiales los topónimos en gallego. Una exclusión que también afecta a los centros educativos. El PP ha impuesto barreras lingüísticas en Galicia incluso para ser socorrista. ¿Y ahora Feijóo dice esto? Recordemos, además, que el PP ya ha manifestado que no va a abolir el uso de las lenguas regionales en el Senado. ¿Al Senado no va la gente a entenderse, señor Feijóo?
En fin, el Partido Popular es experto en decir una cosa y hacer la contraria. De hecho, en el mitin no ha hecho ni la más mínima autocrítica por su responsabilidad en esta situación. Quiere presentarse como la solución al problema cuando ha sido, en gran medida, su causante.
Afortunadamente, el 8 de octubre se celebrará en Barcelona una manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana en la que todos los españoles tenemos que echar el resto independientemente de que pertenezcamos al PP o a Vox o a ninguno de ellos dos, porque lo que está en juego es España, su democracia, su Constitución y nuestra libertad.