Estas últimas semanas, en distintas declaraciones a los medios, hemos podido ver como miembros del Gobierno y del PSOE abogan por eso que llaman desjudicializar la política, evidentemente, por petición de ese separatismo, catalán y vasco, que con su apoyo mantiene a Sánchez en La Moncloa.
El concepto de “desjudicializar” es muy peligroso, ya que se supone que el poder ejecutivo y el legislativo no se pueden saltar las leyes y precisamente el poder judicial está para velar por ello, claro está, si ese poder judicial es independiente, cosa que desgraciadamente no ocurre en España.
Para Pedro Sánchez y sus compinches, desjudicializar, es que cuando los golpistas incumplan una sentencia, les salga gratis, es decir, lo mismo que está sucediendo ahora, pero haciéndolo legal, una auténtica barbaridad.
En esta situación, resulta muy preocupante la actitud de Feijóo, quien sigue dejando abierta la posibilidad de llegar a “acuerdos de Estado” con un presidente que lleva a efecto políticas destinadas a demoler el régimen del 78 y la democracia, cuyo único objetivo es mantenerse en el poder todo el tiempo que pueda, aunque tenga que pactar con el diablo.
Si Sánchez mira solo por él, Feijóo, solo mira por su partido, pues viendo que a Juanma Moreno le ha ido muy bien acercándose al electorado socialista quiere mantenerse en su estrategia centrista. Lo mejor, siempre es lo mejor para España y los españoles, nunca lo mejor para un líder ni para su partido.
Es que Feijóo no ve, la “tranquilidad” con la que recortan derechos, indultan a delincuentes, excarcelan etarras, imponen impuestos, utilizan aviones y helicópteros, destituyen mandos, eligen fiscales, disuelven organismos no seguidistas, bloquean la justicia, cierran el parlamento, nombran familiares, adjudican subvenciones, claudican ante sátrapas extranjeros, atacan a la oposición política, mienten en los datos macroeconómicos, utilizan organismos públicos en propio interés, dialogan con golpistas, manipulan a la Abogacía del Estado, amenazan al disidente, no aceptan preguntas, únicamente se dejan entrevistar por prensa comprada, desoyen las advertencias de la UE, modifican con leyes la Constitución, esa “tranquilidad” que esgrimen es el síntoma de un régimen totalitario.
España está inmersa de facto en un sistema autoritario dirigida por un autócrata que no rinde cuentas de sus tropelías ante nada ni nadie. Sánchez está dando micro golpes de estado diarios a los que desgraciadamente parece ya haberse acostumbrado el país.
Solo con las frases de esta semana, “están pagando justos por pecadores” y “si Botín y Galán protestan ante los impuestos vamos en la buena dirección” (los delincuentes Griñan y Chaves son justos, por socialistas y los presidentes de dos de las empresas más importantes de España son el enemigo, por empresarios) resumen perfectamente el asfixiante nivel de corrupción institucional que vivimos desde aquel asalto al Poder de los actuales gobernantes.
El único objetivo que deben tener, tanto el PP como Vox, es el de expulsar al infame de Sánchez de La Moncloa lo antes posible, después ya tendrán tiempo de llegar a acuerdos por el bien de España.