La ministra de Educación, Isabel Celaá, ha estado completamente desaparecida desde el pasado junio. Siendo cierto que la competencia de Educación está transferida a las CCAA, en un caso extremo como el que vivimos, lo lógico hubiera sido que, en vez de irse plácidamente de vacaciones, se hubiera dedicado ella y todo el Gobierno, a planificar el futuro próximo creando protocolos de actuación nítidos y consensuados.
Pero desde junio hasta ahora, nada de eso se ha hecho, desde el Ministerio de Educación no se ha dirigido ni una sola instrucción o indicación útil a la comunidad educativa, y ahora, cuando solo faltan dos semanas para el comienzo del curso, reaparece Dña. Isabel y se dedica a improvisar.
El acuerdo de mínimos conseguido con las CCAA es muy fácil de explicar, las CCAA tomarán la decisión última de clausurar colegios sin que sea necesaria la autorización del ministerio, el Gobierno se lava las manos, y por supuesto se reservará el derecho de criticar duramente a las CCAA gobernadas por la derecha.
Sigo manteniendo, que en otoño la situación puede tornarse caótica, pues entiendo, que es imposible que los alumnos no se contagien entre ellos y que, a su vez, no contagien a sus familias. Os recuerdo que el gobierno japonés ha pospuesto el inicio del curso escolar a fin de marzo por las razones expuestas, y encima, allí las ratios son mucho mejores que aquí.