Desde que entró en vigor la llamada Ley Integral contra la Violencia de Género en 2004, la discriminación que sufrimos los hombres, supuestamente, en pro de una mayor protección de las mujeres, es insultante. A esta situación, hay que añadir las innumerables medidas que se han ido aprobando en los últimos años con el objetivo de reducir la llamada «brecha de género».
El resultado de todo ello es indignante, vivimos en una sociedad, la española, en la que nuestras leyes benefician descaradamente a las mujeres, quedando demostrado que aquello que decían las feministas pretender era falso, ellas nunca quisieron la igualdad real, solo el supremacismo femenino. En la actualidad se pueden contabilizar cerca de 500 diferencias legales que benefician a las mujeres frente a los hombres, una discriminación por sexo que debería ser incompatible con una democracia moderna.
Mucha de esa discriminación podemos observarla en el ámbito económico y laboral, desde incentivos a la contratación de mujeres, ayudas al emprendimiento, deducciones en el IRPF y complementos en la pensión, hasta baremos físicos más bajos en las oposiciones o pruebas más fáciles para las mujeres, pasando por subvenciones específicas en ciertos sectores, como el audiovisual o el deportivo.
Otras tantas están directamente relacionadas con la mencionada Ley de Violencia de Género que, para empezar, contempla como «tipo delictivo diferente y agravado un hecho sólo cuando la víctima sea mujer y el victimario hombre» y establece toda una serie de ayudas en todos los ámbitos de las que, sin embargo, ellos jamás se podrán beneficiar, aunque sean maltratados por su pareja.
En el caso de las mujeres, es inadmisible que los servicios sociales sean los que determinen si son víctimas de violencia de género antes incluso de llegar a juicio, lo que les abre la puerta a toda una serie de ayudas que nunca tendrían los hombres en su misma situación, defensa gratuita, prioridad en el acceso a la vivienda protegida, ayuda para encontrar trabajo o, en caso de tenerlo, derecho a beneficiarse de una reducción de jornada, movilidad geográfica o pasar a tener automáticamente justificadas todas las ausencias o faltas de puntualidad, entre otros aspectos.
La mayor parte de las medidas parten de la Ley de 2004 y del Pacto de Estado que se aprobó bajo el Gobierno del PP. Muchas de ellas todavía se están implementando, pero es terrible, es una diferenciación, una segregación y una discriminación constante a todos los niveles
La mayor parte de las medidas parten de la Ley de 2004 y del Pacto de Estado que se aprobó bajo el Gobierno del PP. Muchas de ellas todavía se están implementando, pero es terrible, es una diferenciación, una segregación y una discriminación constante a todos los niveles. Además de las medidas ya mencionadas, por ejemplo, la formación que se da a los jueces para que juzguen con perspectiva de género, «rompiéndose el derecho fundamental a ser iguales ante la ley y el de ser oído por un tribunal imparcial», o que ninguna institución publique los menores asesinados por sus madres, «mientras que varios ministerios, incluido el de Igualdad, sí lo hacen con los hijos asesinados por sus padres que, además, cuentan como violencia de género».
En cualquier caso, la lista es muy variada y no todo tiene que ver con este asunto. La última diferencia es la reforma aprobada por PP y PSOE para proteger a las personas con discapacidad, con «especial atención a mujeres y menores». «Otra losa más en el auténtico apartheid contra los hombres en España, esta vez, directamente en la Constitución». Y qué decir de las numerosas instituciones que defienden y representan a las mujeres en España y frente a las que no existen otras iguales para los hombres, desde el Instituto de la Mujer y un sinfín de asociaciones que reciben jugosas subvenciones públicas, hasta el Ministerio de Igualdad, pasando por las numerosas concejalías y consejerías que hay en ayuntamientos y CCAA.
Hasta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que todos somos iguales con independencia del sexo y eso en España se vulnera a diario.
Los españoles tenemos por delante un monumental reto, el de recuperar la igualdad y en eso, como es tan habitual, hasta el PP se ha pasado al enemigo.