Desde que en 2012, Ana
Mato, presentó el Plan Integral de Apoyo a la Familia, este Gobierno lo ha
mantenido olvidado a expensas de que le conviniese sacarlo del cajón. Y Mariano
Rajoy ha decidido sacarlo ahora, un plan presupuestado con 5.400 millones de
euros anuales, un plan con incentivos económicos en vísperas de unos comicios
que apesta a electoralismo.
Hablamos de un plan que
generaba grandes expectativas, pero que se puede catalogar de decepcionante. Si
este Gobierno considera, que su iniciativa en favor de la igualdad y el
reconocimiento de la maternidad de aumentar entre un 5% y un 15% las pensiones
que se jubilen a partir de 2016 que tengan a partir de dos hijos, es la
solución, está muy equivocado.
Este Gobierno toma
decisiones para una fecha en la que no sabe si gobernará, por lo tanto podría
convertirse en papel mojado si gobierna otro, y porque el impacto económico de
la medida afecta al déficit y a la maltrecha caja de las pensiones, esa ubre
que pronto terminaran por dejarla sin leche, y lo más importante, medidas que
difícilmente van a repercutir en la población que más machacada está.
Estamos ante una serie de
medidas que esconden buenas intenciones, pero poco concretadas y que tendrán
escasa incidencia en las familias actuales o en proceso, pues no se establecen
mecanismos para ayudar a que se tengan más hijos, ni que ayuden a la
conciliación, o a la tan necesaria también, igualdad de oportunidades.
Pocos dudan de que en
España son necesarias medidas que incentiven la natalidad, ya que con nuestro
escuálido índice de 1,27, uno de los más bajos de la UE, no se garantiza ni de
lejos una pirámide de población estable.
Rajoy acaba de sacarse de
la chistera un nuevo conejo preelectoral, un conejo destinado a disuadir a una parte del sector más conservador de su partido, ese que tiene casi decidido dar su
confianza a otros.
