Desde
el respeto que le tengo al Jefe del Estado, quiero manifestar que su
discurso de Nochebuena me ha decepcionado. No me ha defraudado por lo
que dijo, me ha defraudado por lo que dejó de decir.
Si
el Rey nos dice al comenzar su discurso, que va a hablar sobre lo que
mas nos preocupa a los españoles, está bien que se refiera a la
crisis económica, pero que en vez de hablar de la amenaza
separatista y de la corrupción nos hable de “la fortaleza de
España como nación europea e iberoamericana y la necesidad de
reivindicar la política como instrumento necesario para unir las
fuerzas de todos y acometer la salida de la crisis y los retos que
tenemos por delante”, como lo que mas nos preocupa, me parece que
se ha contagiado de la cobardía del actual Gobierno.
Nos
ha recordado que estamos ante los momentos mas difíciles de la
reciente historia de España y que la grave crisis económica que
atravesamos ha alcanzado una intensidad, una amplitud y una
persistencia en el tiempo que nadie imaginaba.
Nuestro
Rey, no ignora el pesimismo existente, que está generando un
desapego hacia las instituciones y hacia la función política.
Nos
dijo que austeridad y crecimiento deben ser compatibles. Que las
renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana, de manera
que se asegure la protección de los derechos sociales que, según
él, son seña de identidad de nuestra sociedad desarrollada.
Me
sorprendió, que sin atreverse a abordar el cáncer de nuestra
democracia, la corrupción, dijera que “quiero reivindicar la
política grande, esa que para destacar su dignidad y valor, solemos
llamar la política con mayúsculas. La que, desde el gobierno o
desde la oposición, fija su atención en el interés general y en al
bienestar de los ciudadanos. La que, lejos de provocar el
enfrentamiento, y desde el respeto a la diversidad, integra lo común
para sumar fuerzas, no para dividirlas. La que busca el entendimiento
y el acuerdo para encauzar y resolver los grandes y fundamentales
desafíos colectivos. La que se cimenta en el espíritu de servicio y
se acomoda a los principios de la ética personal y social”, un
párrafo sin duda muy bonito para recordarnos como debería de ser la
política en este país pero que en nada se corresponde con la
realidad de unos partidos políticos que solo miran por su interés y
en absoluto por el de la ciudadanía.
Nos
dijo también “que es necesario promover valores como el respeto
mutuo y la lealtad recíproca. Valores que según él, contribuyeron
hace mas de tres décadas a poner en pié un nuevo marco de
convivencia, el reconocimiento de nuestra pluralidad y el amparo de
las diferentes lenguas, culturas e instituciones de España”. Para
él, “es hora de que todos miremos hacia adelante y hagamos lo
posible por cerrar las heridas abiertas. Porque será nuevamente un
éxito de todos, ciudadanos e instituciones, basado en el respeto a
las leyes y a los cauces democráticos”.
Terminó
diciendo que, “la Navidad simboliza el triunfo de la generosidad
sobre el egoísmo, generosidad, solidaridad y compromiso son valores
que todos debemos reconocer, conservar y promover siempre y en estos
tiempos mas que nunca”.
Don
Juan Carlos, ha optado una vez más por un discurso “políticamente
muy correcto” en el que nos ha hablado de como debería de ser
todo, pero muy alejado de la triste realidad que padecemos. Un
discurso con un elevado componente de cobardía, pues ni se ha
atrevido a hablar del desafío independentista catalán, ni por
supuesto ha proclamado que la Jefatura del Estado impedirá que la
ruptura de la unidad nacional se lleve a efecto.
Si
a esto sumamos, que la corrupción parece no ser tan importante para
él como para dedicarle ni una sola palabra, la sensación que me
queda es de tristeza por la oportunidad perdida, ya que en estos
momentos lo que le hubiese dado tranquilidad a la ciudadanía era un
discurso directo, valiente y comprometido, lo contrario de lo que ha
hecho.
El discurso del rey fue como diplomático, correcto, sin meterse con nadie…A la Casa Real también le está cayendo una buena..El yerno ha acabado con que todos ellos puedan ir con la cabeza alta, es una verguenza que siga este personaje entre ellos…
Buen artículo.