Nos encontramos ante nuevos sucesos que ponen en seria evidencia la sociedad que nos dimos en el 78 y que ha desembocado en este infecto lodazal social en el que nos vemos obligados a vivir. Tenemos un entramado legal manifiestamente mejorable y que encima, ni se cumple. Por el contrario, todas las modificaciones legales que se llevan a cabo, van siempre en la dirección de favorecer al delincuente y de perjudicar al ciudadano que respeta y cumple escrupulosamente las leyes, aunque no le gusten.
Hace pocos días, un anciano mató a un delincuente extranjero con múltiples antecedentes para defender su propiedad, y al pobre hombre lo acusan de homicidio. Hace un par de días, aprovechando que los okupas de su casa la abandonaron momentáneamente, el propietario puso un candado en su propiedad, los okupas volvieron y la policía les ayudó a proseguir la okupación. En Formentera, tres marroquíes, secuestran, drogan, torturan y violan repetidas veces a una joven española de 19 años, y contra toda lógica, el juzgado los deja en libertad condicional. Son solo tres ejemplos.
No es de extrañar que cada vez más delincuentes extranjeros elijan a España como destino, para vivir y para ejercer con casi absoluta impunidad sus actividades delictivas.
Vamos tan rápido hacia ese abismo social en el que hasta los más respetuosos con las leyes se rebelarán, que pronto la situación estallará y la gente honrada empezará a tomarse la justicia por su mano. Aún estamos a tiempo de dar marcha atrás en esta carrera suicida, el problema es que la gran mayoría de nuestros políticos no parecen estar por la labor.