Desde que en 2007 comenzó
la crisis, posiblemente los desahucios se hayan convertido en la imagen más
dramática y descarnada de ella, pues ver las imágenes de cómo se expulsa a una
familia de su residencia habitual, es tan traumático, que crea bastante alarma
social.
España cometió el error de basar su desarrollo en la construcción, y cuando comenzó la recesión en 2008,
lógicamente se cebó en las CCAA donde más se construía. Si entre 2007 y 2014 se
registraron 600.000 ejecuciones hipotecarias, solo en Andalucía se registraron
más de 120.000, seguida por Cataluña y la Comunidad Valenciana, todas ellas zonas
de costa y muy turísticas. Desde el inicio de la crisis, cada día se han
ejecutado alrededor de 100 desahucios de viviendas habituales, ya que el resto
era sobre viviendas en alquiler, segundas residencias, locales, solares o
terrenos.
Existe un verdadero clamor
social para que los bancos ofrezcan alternativas a los deudores hipotecarios,
tales como, reestructuración de la deuda o a través de aplazamientos de pago.
En estos últimos tiempos,
demasiados recién llegados a la política están lanzando, ocurrencias
demagógicas y propuestas radicales incompatibles con la legalidad, que lo único
que están consiguiendo es ahondar en la frustración social. Todo lo que no sea,
adoptar soluciones viables y realistas que respeten la legalidad, y por
supuesto, el principio de propiedad privada, es engañar a la población.
Que Manuela Carmena y Ada
Colau, a modo de ejemplo, afirmen que van a parar los desahucios en Madrid y en
Barcelona, suena a broma, pues es un asunto en el que no tienen competencias,
el desahucio se ejecuta porque un juez así lo ha dictado y lo único que podría
hacer un ayuntamiento es no colaborar en su ejecución, por ejemplo, no enviando
policía local. Es evidente, que si ahora gobiernan, no pueden hacer lo que
hacían antes, intentar evitarlo mediante actuaciones más o menos violentas,
aunque personalmente reconozco que yo mismo, en caliente y en alguna ocasión,
lo que me ha pedido el cuerpo era intervenir para impedir la tragedia que veía.
