Tengo la triste sensación, de que los españoles nos dirigimos al galope, hacía un futuro no deseado por ninguno de nosotros, y lo digo, independientemente de la manera de pensar que tengamos.
En España, hay dos tipos de gente, los que viven de la política, y los demás, los que vivimos de nuestro trabajo o de la pensión a la que nos hemos hecho acreedores por nuestros años de trabajo, y estamos muy preocupados.
Los atentados del 11-M y la llegada de Zapatero, significaron el punto de inflexión de nuestra sociedad, desde entonces, todo va a peor. Pasamos de ser una Nación, una sociedad que afrontaba el futuro unida y con esperanza, a una sociedad cada vez menos democrática, en constante degradación, en la que se han despertado premeditadamente los odios del pasado, esos que parecían haberse enterrado en la ahora denostada Transición, y cuyos fantasmas ha vuelto a soltar la izquierda en busca de revancha.
No conozco ningún gobierno, socialista o comunista, que a lo largo de la historia le haya proporcionado a su pueblo, prosperidad. En España, es mucha casualidad que, gobernando ellos, siempre llegan las crisis y hasta la única pandemia que nos ha tocado vivir.
Siempre he sido aficionado a las películas distópicas, esas que nos presentan un futuro apocalíptico. El problema, es que ahora, esto no es una película, es nuestro presente y el futuro de nuestros hijos y nietos, o paramos esto, como sea, o van a vivir mucho peor que nosotros en una sociedad sin libertad, sin orden y sin ley.