Reconozco, que en todo lo
referente al Parque Nacional de Doñana tengo una sensibilidad especial, pues
soy uno de esos afortunados que durante seis meses al año paseo cada fin de
semana por sus vírgenes playas. Doñana no es solo un Parque Nacional, es
además, Reserva de la Biosfera y Patrimonio se la Humanidad.
Durante las últimas
décadas, Doñana está sufriendo mucha presión, pues la agricultura intensiva
necesita mucha agua, se han tolerado demasiados pozos ilegales, y el subsuelo
del Parque lo sufre, sus humedales están cada vez más amenazados. Podemos
afirmar, que la complicidad y la permisividad de las administraciones, están
poniendo en serio peligro la continuidad del Parque, porque cada vez con menos
agua la sostenibilidad del frágil ecosistema del Parque se hace inviable.
Ahora, un gran peligro
acecha Doñana, quieren cometer la barbaridad de construir un almacén de gas en
el subsuelo de Doñana, algo que junto a las prospecciones marinas de la zona
ponen en peligro al parque y a todas las poblaciones de la zona limítrofe entre
Cádiz y Huelva.
Ya no hablamos solo de
mareas negras, hablamos también de los riesgos sísmicos que conllevan estas
actividades, consecuencias que señalan los científicos en general y los geólogos
en particular. En una zona ya propensa, no se puede inyectar gas en su subsuelo
ni utilizar la técnica de prospección denominada “fracking”.
Pero claro está, a las
multinacionales petroquímicas y gasísticas, estos riesgos les importa un
comino, ellos solo quieren multiplicar sus beneficios, con la complicidad de
unos dirigentes políticos que desde las instituciones gestionan contra el
interés general de España y de los ciudadanos españoles.
Creo que ya ha llegado la
hora de exigir medidas que protejan y blinden el Parque Nacional de Doñana ante
las actuales y futuras amenazas de quienes solo ven el Parque como motivo de
negocio.
